jueves, 1 de junio de 2017

Un poema de El universo de cosas con que quedarnos (Guillermo Rebollo-Gil, 2017)

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Crónica de no soy el único*

Soy freak de las edades de muerto de mis héroes. A manera
de ejemplo, cumplo 36 el año próximo--la edad que tenían
Alejandra Pizarnik y Bob Marley cuando murieron. Mis 
40 serán de Frank O'Hara. Los 46 de David Foster Wallace,
Héctor Lavoe y ahora Phillip Seymour Hoffman. Maelo
murió con 55. Cuando mataron a Tupac Shakur, a sus 25
años, Quincy Jones dijo:

"The tragedy of Tupac is that his untimely passing is
representative of too many young black men in this country....
If we had lost Oprah Winfrey at 25, we would have lost a 
relatively unknown, local market TV anchorwoman. If we 
had lost Malcom X at 25, we would have lost a hustler named 
Detroit Red. And If I had left the world at 25, we would have 
lost a big-band trumpet player and aspiring composer--just a
sliver of my eventual life potential."

Con dos años más, Tupac hubiera muerto demasiado
temprano, junto a Jimi, Janis y compañía. Ante la muerte de
Hoffman--quien tuvo dos décadas de vida más que Tupac,
una más que Pizarnik y Marley, y seis años más que O'Hara--
siento que veinte años hacen que uno haga las paces con
la vida en tanto y en cuanto, con el tiempo, aprende a
reconocer que ella te ha hecho posible conocer las obras, los
prayoectos y haceres de gente talentosa y bella. Pero entonces
la muy sucia te los quita y uno comienza a desear no haber
llegado a la edad de Jimi, de Janis y compañía. De momento,
llegar a tener la edad de Maelo se torna en algo descabellado.
Creul.

A mí me gustaba cuando Hoffman se rascaba la cabeza y
cuando sus personajes pasaban trabajo para decir algo que
supone ser muy fácil de articular pero que a la mayoría
nos cuesta hacerlo. En eso consiste el arte, supongo--en
diminutos actos de solidaridad, seguidos de algo maravilloso.
La vida es el opuesto al arte. Consiste en diminutas pérdidas,
seguidas de una más grande. 

*Aparece en pp. 25-26 de El universo de cosas con que quedarnos;
Publicado por Ed. Disonante, 2017.