lunes, 6 de febrero de 2017

Dos poemas de Homenaje al ombligo (AMD & JML)


¿qué pasa?

... pasa que la luna se me ha quebrado, que la soledad está
más sola que sí misma, que busco el amor hasta detrás de
mi propia sombra, que hay tanta necesidad de amar como de
vivir -si es que puede separarse- que los horizontes son
ciertos pero imprecisos y que solo los posee la tierra; que 
con solo medio horizonte se podría alentar este abatimiento;
que la palabra camino -es casi increíble, inconcebible-
acompaña a la palabra mutilación. que la Palabra es gigante,
pero se ahueca, que el ombligo no es solo ombligo y que tiene 
una lunita que juega dentro; que no se sabe dónde comienza
el mar ni qué ímpetu lleva. que a la luna y su llama hay que 
defenderlas sin querer odiar. que las manos no saben si em-
pujar, o sujetar, o acariciar; y se hinchan y se quiebran y se 
fatigan. la sombra se hace cada día más amplia y profunda y
sólida y pegajosa... y la luz más alta, más clara, más inmen-
sa, más acogedora, más íntima, más audaz y más brillantemente
triste. que la sangre es ágil y es fuerte y es tumultuosa, rá-
pida, dinámica; pero se quiebra y puede ser trágica. lleva 
dentro algo de crepúsculo y aurora; de abismo y de montaña.
que está más presente que nada en la vida y cuando está más li-
bre en su libertad más absoluta y rotunda es y está en la muer-
te. que la muerte no viene sola sino que el tiempo le sigue los
pasos, o la muerte le sigue los pasos al tiempo ¡qué sé yo! que 
a lo mejor ni mi propia muerte me comprende, que probable-
mente nunca llegue a tiempo.

   que la soledad es grande y profunda y punzante y ancha y 

ni el amor la espanta. el espanto... es constante y sin tregua
hasta debilitar el pulso.

   que quiero que siempre quede tiempo para los ojos en el 

mar. que la amargura y la vida no van de la mano. que las
máscaras se gastan y se cansan de uno mismo. que la risa y 
el llanto son una misma cosa con un cambio en los labios. que
los labios son terriblemente hermosos, capaces de las más su-
blimes pequeñeces; de las más tremendas injurias... y que pue-
den estar solos.

   que se puede estar toda la vida soñando con todo. que los 

sueños grandes y los pequeños y los reducidos; y los alargados
y esos como arrastrados de más hondo y más lejos y aún pri-
mero que la propia muerte; y aún peor: esos minimizados ante
el dolor y el temor de ser más nube que canción, se parten. y
aún peor, sin partisrse porque no mueren para seguir doliendo
de tan hermosos y de tan sombra que es el eslabón que los une
con la vida.

   que aún la belleza más pequeña y la más celosamente guar-

dada, la que no puede hacer daño a nadie ni quiere -la belleza
solo le hace daño y es odiada por los mezquinos- quiere ser
destruida como se destruye a los niños. 

   que para no convertir la luna en un cuarto menguante pro-

gresado, hay que usar demasiado las uñas y los dientes; y usan-
do demasiadas uñas y dientes puede convertirse y pueden quedar
garras y no poder besar ya, porque entre los dientes habrá mu-
cha basura y no todos podemos besar con basura entre los dientes, 
y ¡no! un eclipse hueco y frío, ¿para qué quiere ser guerrero?

   pasa que los túneles se quedan con la vida, como si los sue-

ños, a fuerza de soñar, se hubieran inventado esa pesadilla.

   que ya ni se quiere el para qué o más bien el de dónde.

solo un soy pleno y luciente, aunque esté luciente por el refle-
jo de la luna sobre las lágrimas.

   que el suicidio se pospone porque se quiere pensar que la

muerte pueda ser puntual, aún intuyendo que no lo será nunca.
que la vida es una encadenación de casis, y que a veces solo se
pide una ola en el tiempo que rompa la cadena brevemente; y que
aún sabiendo esto nos disponemos a esperar por esa ola en medio
de la agonía.

   que decidirse a ser hombre es renunciar a la paz y aún se

sigue en busca de ella; que solo unos insatantes que sople la bri-
sa -aún la esperanza de eso- podrían conmover a conformar-
nos. que renunciar a la paz no es estar intranquilos ¡no! es su-
mergirse, es respirar el aire atormentado de una angustia tre-
menda, tan cierta y palpable que parece como si se pudiera coger 
con las manos. 

   que querer amar es como estar a la orilla de un abismo

(como un árbol que vi una vez que me comprendía) con todas las
entregas del mundo en los dedos, con todas las ternuras de los ni-
ños en los labios, con las lágrimas más fértiles en los ojos, con
todos los caminos sujetos en los pies, con el recuerdo de todas las 
lluvias vividas desde el nacimiento; sobre todo cuando llueve de tar-
de o de noche (la luna no se ve, pero no descansa) con los abrazos
reunidos y doblados como sábanas recién lavadas y protectoras,
como las llamas de las vidas futuras espigando el cuerpo. como
si toda la creación del universo estuviese reunida esperando el
momento cósmico. con las esperas de todos los crepúsculos ma-
ravillosos pesando sobre los hombros, con todos los suspensos 
creadores reptando por la piel desde los pies allegándose hasta
el fondo de los poros, encontrándose en el centro de la vida misma.

   es estar así en el borde de ese terrible abismo sin ver el fon-

do oscuro y presintiendo tremendamente que no hay ninguno. es
gritar desde más allá de la garganta y de los huesos, hasta de uno
mismo, el alarido más cierto, más grandiosamente humano, más
desesperado, más húmedo, más desolado, más horriblemente tier-
no, más profundamente agónico y solo oír con espanto: el eco, 
nuestro eco, y puede ser peor: se puede confundir con la respues-
ta. tal vez solo podemos respondernos nosotros mismos.

he llegado a la mitad de la escalera

he llegado a la mitad de la escalera.
ya conozco la luna,
sé un poco de la flor, 
estoy aprendiendo algo de la hormiga.
quiero alejarme 
por un camino más estrecho
con una espina en la garganta.
serio, 
muy serio,
un poco triste
con un globo de juguete en mi ojo izquierdo,
con una cajita de música en mi interior,
con una huella en mi zapato,
con un gabán en mi corbata,
con una taza de café en mi nombre.
miro hacia atrás,
no hay nadie
todos se han ido.
fue doloroso dejarlos atrás,
pero tenía que hacerlo.
no sabían que mi nariz era especial
ni que mi ojo izquiero se escribía con mayúscula.
ya nunca volverán,
se han ido.
mejor, será mejor así,
quién sabe.

la noche y el día se juran fidelidad

sobre una lfombra de terciopelo gris
alguien se suena la nariz
y ocurre un terremoto.
en la sala una visita espera
mientras el timbre suena
y nadie oye.
felicidad, felicidad, felicidad,
alegría.

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-- Ambos poemas aparecen en las páginas 34--39 de Homenaje al ombligo (Folium, 2016)
-- Las palabras que no están en cursivo me recordaron a la siguiente cita de Kierkegaard: 
"What if everything in the world were a misunderstanding, what if laughter were really tears?"