viernes, 15 de febrero de 2013

Rant II

Hoy leí este artículo: La intolerancia de los intolerantes, por Milton Picón. La pieza adolece, se queja, lloriquea y patalea. Cada quejido se acentúa con comillas: ""modernas, progresistas y liberadoras"". Cada queja es subrayada con eufemismos pavorosos: "fuerzas" para referirse a gente; gente que se quiere quitar el velo kantiano y polvoriento del deber; gente que se atreve a pensar. (De hecho, el autor lo que pretende con la pieza es sembrar pavor, pavor religioso, artificio que se lleva usando por milenios).

Está correcto en referirse a la gente pensante como una fuerza. Y me atrevo a apostar que la intolerancia que condena es útil y buena; contrario a la intolerancia que se esconde detrás de su incomprensible cita a The Beatles. Yo no puedo tolerar un buche de vómito en mi boca; no puedo tolerar una apéndice que se revienta--hay que evitar la sepsis. Y el discurso fundamentalista--sí, fundamentalista, hay que repetirlo: fun-da-men-ta-lis-ta--es séptico.

Cada pataleta está teñida de anacronismos; pataletas laced with the most vulgar ludism possible. Pero este ludismo es el más pernicioso de todos; es ludismo ideológico. Parece creer que existe una especie de logia masónica conspirando para "imponerle una nueva escala de valores a nuestra sociedad". (Las itálicas son mías. Nótese cómo usa 'nuestra' para demarcar entre yo (los buenos) y los otros (los malos). Poco le faltó para usar 'revoltosos'.) Pavor religioso y escatológico; casualmente sincronizado con el paso del asteroide 2012 DA14.

Si nos dejamos llevar por Picón, la guerra cultural puertorriqueña empezó con Pedro Julio. Pero la alarma del "liberalismo boricua" lleva sonando hace mucho tiempo; lamentablemente, sus decibeles parecen ser los del silbato para perros. Si nos dejamos llevar por el autor, el sector liberal del país es un minúsculo grupo de zombis ateos e izquierdosos--él habla de clichés, pero su retórica parece ser un facsímil de la de Glenn Beck. Quiere restarle mérito al sector que él ataca acusándolo, precisamente, de lo que el suyo hace: que no es otra cosa que responder vía la puya y el látigo; así es como llegan al Capitolio. También afirma que está cansado de lo que llama una "propaganda prejuiciada": "El gran problema es que cuando usted se expone a días y semanas corridas a la misma propaganda prejuiciada, eso comienza a intoxicar, a molestar y crea la necesidad de decir: ¡Basta ya!" No me sorprendería encontrarme con revisionismo histórico en el inventario ideológico de Picón. Parece que, convenientemente, olvida que de propaganda prejuiciada está harta la humanidad completa; propaganda prejuiciada vía Salem, La Inquisición, Comunismo, Fascismo, etc. A su sector le molestan dos o tres semanas de propaganda prejuiciada; pero los 'otros', la minoría que lee, está harta de milenios de propaganda.

Si el autor afirma que quienes se expresan contrarios a sus ideas son minorías, ¿cómo es posible que haya una intención de "inhibir la expresión de nuestras creencias religiosas"? Si son pocos, ¿cuál es el miedo? Ah, lo que pasa es que estos dos o tres gatos son un peligro; usan "Técnicas típicas de la propaganda nazi". Anacrónico y ludita, parece que Picón no sabe que en su pieza violó la ley de Godwin, usada en el contexto del Internet. Leo Strauss diría que Picón es culpable de Reductio ad Hitlerum. 

La columna cierra con la charra frase "Soy fundamentalista, y qué". Pudiera hacer una lista que señale todas las personalidades que sienten orgullo de ser fundamentalista, por aquello de asociarlas al autor, ya que él dio luz verde--usó el nazi card en su escrito. Sin embargo, me limito a cerrar con una pintura que representa muy bien su alarde: