miércoles, 5 de diciembre de 2012

Rant

Imagen por Steven Rice Illustration
Anoche, mientras procrastinaba en las redes sociales, me topé con fotos de una campaña bastante cursi: #YoSoyJoséEnrique. Mientras escribo estas palabras, todavía hay personas retratándose con la frase – incluyendo a Ricky Martin – con caras de indignación, con seriedad e intensidad, con miradas que responden a una indignación colectiva que, en pocas horas, se transformó en moralismos hipócritas; en nada se hizo un circo mediático. Hasta la pena de muerte y, por supuesto, Kobbo Santarrosa, cogieron pon con todo este asunto.

No me importa Ana Cacho, ni cualquiera de las encrucijadas de falsa justicia que se quiere adjudicar Santarrosa. No veo su programa, pero janguear en las redes después de las seis de la tarde, cualquier día de la semana, es ver – por osmosis – a la muñeca. En pocas palabras, en el programa se repitió algo que lleva pasando en este anacrónico espacio por más de 10 años: basura, odio; pero la dosis de odio se da con una opinión bastante generalizada, para que baje bien. Por su puesto, el odio se inyecta diluido en xenofobia – en todas sus variantes, en Puerto Rico las tenemos todas; y nadie en Puerto Rico es mejor poster child de la xenofobia que Kobbo Santarrosa.

Con mi páncreas metafórico a punto de estallar con tanta cursilería instagramática, y después de leer varios tuits, que contaban las barbaridades que salían del culo por boca de Kobbo, me indigné. Mi indignación -- que nada tiene que ver con “prostitución”, “Calle Padial”, “homosexual” -- me llevó a decirle a mi esposa que me tomara una foto con un mensaje -- escrito con el mismo marcador que uso, a diario, en una pizarra escolar: