domingo, 31 de julio de 2011

Benoit Mandelbrot - Hunting the Hidden Dimension Nova (2008)

Cualquiera que haya leído a Borges, y se haya fascinado con La Biblioteca de Babel, ha estado ante un fractal - un concepto matemático que tiene como fundamento la iteración, las repeticiones:

Átomos*

Las neuronas y sus ramificaciones exhiben estructuras fractales, las ramas de un árbol, los latidos de un corazón, las nuevas antenas en los aparatos móviles, en piezas de arte... Ahora que sabemos lo que es un fractal - gracias a Benoit Mandelbrot y su inagotable voluntad por romper paradigmas matemáticos que han existido por siglos - los vemos en todas partes, pero siempre han estado ahí. Desde la década de los setenta, matemáticos, científicos y artistas han tenido a su disposición esta nueva herramienta - un fascinante lenguaje que ha obligado a ver, con o sin ojos, lo que antes era invisible. Sin embargo, Mandelbrot dejó bien claro que el ser humano ha estado traqueteando con fractales siempre. Comparto un documental** que resume, a grandes rasgos, la obra de Madelbrot, lo que es un fractal y sus aplicaciones - presentes y futuras:



Nota:
*Tomada con Instagram
** Vía Dangerous Minds (blog)

jueves, 28 de julio de 2011

Velorios Creativos: Reflejos del Nuevo Morbo Boricua

Resulta difícil entender por qué hay ritos; pero podemos afirmar que los hay para todo — para casarse, para congraciarnos con la muchedumbre religiosa, para formar parte y ser ante el otro, ritos para despedirnos, para darnos la bienvenida, para ser inocuos y purificados, para hablar con dioses, para velar muertos y confirmar que éstos estén bien muertos. Los ritos justifican, validan, aseguran, limpian y protegen. Estas características de los ritos —muchas veces— se dan en un contexto mágico-religioso que asegura tener un vínculo directo con lo numinoso, lo sagrado.

En la antigüedad el rito fúnebre aseguraba un pasaje, al más allá, acomodado, seguro y digno. Taínos, egipcios, etruscos —entre muchos otros— rendían culto a sus antepasados. Estas ceremonias eran oportunidades para re-visitar el legado, celebrar la memoria. Las celebraciones eran elaboradas o sencillas, dependiendo de los recursos económicos del fenecido. Mientras más recursos mejores chamanes, más joyas, mejores embalsamadores, pirámides más grandes, más ánforas, más mujeres en la fosa... En fin, un rito fúnebre con mucha pompa era, y sigue siendo, una señal positiva de estatus social. Una solemne y sublime ceremonia no es la única motivación detrás de estos actos.

Pudiéramos pensar que los ritos en la actualidad ya no tienen tanta importancia — particularmente si nos dejamos llevar por el filósofo británico Herbert Spencer; famoso por su agnosticismo y considerado, en muchos círculos académicos, como predecesor de Charles Darwin. Según el pensador positivista (Spencer), evolucionamos culturalmente, pasamos a otros estadios, etapas en las cuales la religión y la superstición no formarán parte de nuestra cosmogonía; como si las creencias religiosas fueran training wheels ideológicos —necesarias para alcanzar el máximo potencial humano. No obstante, si el filósofo estuviera vivo hoy día, y se diera la vuelta por la isla, se vería obligado a revisar su concepción evolucionista —tendría que re-escribir muchos de sus textos antropológicos.

En Puerto Rico —y afirmo lo siguiente con cierto nivel de incertidumbre— la gente está convencida de que los relámpagos y los vuelos de pájaros no son augurios divinos. Sin embargo, en algunos sectores marginados de la sociedad puertorriqueña —en pleno s. XXI— se ha visto una incipiente afición por elaborados o "creativos" ritos fúnebres. Y es que en los últimos dos o tres años, la isla ha visto un fenómeno cultural con precedentes milenarios, pero en el contexto contemporáneo y post-industrial adquiere —con razón— un matiz macabro.

Los periódicos del país, capitalizando en el morbo y el derramamiento de sangre, han hecho públicas imágenes perniciosas que generan todo tipo de reacciones. Muchos han sentido vergüenza, pena, coraje —entre otras emociones. Inclusive, estas imágenes han dado paso a discusiones en torno a la cafrería, las desventajas económicas, los caseríos etc.; pues es evidente el siguiente hecho: los muertos senta'os, en motora, para'os o en ambulancias no están enterrados en el cementerio Santa María Magdalena de Pazzis; no tienen de vecinos a gobernadores gringos, mártires nacionalistas, escritores, artistas o empresarios con coloridos apellidos.

Estas nuevas re-lecturas a velorios, además de generar todas las reacciones antes mencionadas, bien pudieran ser indicadores alternativos que contribuyan a dar cuenta de la cultura de violencia en la isla — más allá del obsesivo récord de muertos por asesinatos. Estos ritos se llevan a cabo en un contexto marcado por violencia y precariedad. A este problemático escenario también se le añade una suerte de reacción colectiva — un reflejo autómata, irremediablemente imbuido en nuestra cotidianidad—siempre dirigida al vacilón y al tripeo. La reflexión en torno a estos nuevos ritos es nula, pues nos resulta extremadamente tentador —incluyendo a Kenneth McClintock— bromear con los ritos funerarios de los abyectos, pero no necesariamente inocentes víctimas, razón por la cual entendemos permisible el vacilón.

Y aquí me remito a las preguntas sugeridas al comienzo de este escrito—que son las que menos atención reciben en los medios locales de comunicación: ¿por qué hay ritos?; ¿por qué están ocurriendo estos "velorios creativos" en Puerto Rico? Por fortuna o por desgracia, ya tenemos cuatro velorios creativos, y no me sorprendería si surgen más, ya que estos ritos-espectáculos prometen ser una lucrativa gesta mortuoria. Por lo tanto, es posible gestar el esbozo de un hilo unificador entre éstos. Al ver los cadáveres —embalsamados de forma alternativa, por así decirlo— participamos de una exhibición en la cual se reclama el reconocimiento; se pide la atención del público: "Aquí estamos, no se erigirán bustos a nuestra memoria, tampoco habrán marmóreos monumentos acariciados por la brisa del mar, pero aquí estoy, mírenme, también soy digno."

Estos ritos posmodernos no pueden separarse de una curiosa teatralidad motivada por la sed de reconocimiento; fruto de una mezcla entre voyeurismo, morbo y "mis cinco minutos de fama, aunque sea después de muerto." Falta mucho por contemplar en cuanto a este fenómeno, pues es uno reciente, y aunque en la cultura puertorriqueña se ha tratado el tema del velorio anteriormente, no resulta cómodo hablar de esto. No sorprende el hecho de que se hagan bromas, hacer light el discurso.

Como una especie de antídoto a nuestra nueva adquisición cultural, los dejo con el trailer de la película japonesa Departures (Takita, 2008). Aquí se presenta una alternativa opuesta a lo que representan los nuevos ritos fúnebres puertorriqueños, ya que es una celebración típicamente japonesa: llena de ritual, poesía y sensibilidad estética. Aun así estas prácticas fúnebres, con siglos de antigüedad, no dejan de ser controversiales:

jueves, 21 de julio de 2011

Fortuño, la educación científica y la torta.

En la edición del 17 de julio de El Nuevo Día, se redactó un breve y casual reportaje sobre Luis Fortuño y su participación en la reunión anual de la Asociación Nacional de Gobernadores (NGA - en inglés). En el artículo se menciona un comentario de Fortuño, relacionado a una sesión que abordó los temas de la educación, la economía y los retos contemporáneos:

"Fue bien interesante. Ella (Susan Hockfield*, presidenta de MIT) decía que hay que empezar desde temprano a lograr más ingenieros, más científicos, más matemáticos y menos gente de otras áreas por que ahí está la economía del conocimiento".

Soy maestro de ciencias y un currículo que integre estas materias es fundamental para desarrollar algo bien importante, algo que carecen nuestros líderes: una cultura científica. Como maestro de ciencias, también estoy comprometido con la noción de que es más importante desarrollar cultura científica antes que científicos. Lo interdisciplinario también juega un papel clave en cualquier diseño curricular— especialmente si se toma la cultura científica como objetivo fundamental. Por lo tanto, "...más ingenieros, más científicos, más matemáticos..." no necesariamente implica el desarrollo de dicho objetivo. Lo que implica es un adiestramiento técnico —posiblemente escindido de consideraciones éticas— que dista mucho de lo que se entiende por una genuina educación universitaria. Si bien es cierto que el mandatario hace una mención, a vuelo de pájaro, sobre el "innovador concepto Da Vinci"; queda claro que el científico, ingeniero o matemático con el sello de aprobación fortuñista, será un autómata — un robot dispuesto a obedecer todo aquello que abone a una "economía de conocimiento"; whatever the fuck that means.

Cierro mi rant compartiendo un vídeo** que también saltó a mi mente cuando leí el artículo. Es la primera de tres partes y lo considero un buen vehículo para contemplar la relación entre la ética y el quehacer científico:



* Me parece problemático el comentario de Fortuño, ya que la filosofía educativa de Hockfield, según su breve biografía en la pagina de MIT, entra en conflicto con la frase "menos gente de otras áreas":
"She believes that MIT's strengths in engineering and science uniquely position the Institute to pioneer newly evolving, interdisciplinary areas and to translate them into practice. Together with MIT's traditions of excellence in architecture and planning, management, and the humanities, arts and social sciences, these strengths will allow the Institute to continue to develop powerful solutions to our era's greatest challenges."
** The Milgram Experiment.

martes, 19 de julio de 2011

El Profesor


En una habitación pequeña y atiborrada de cosas, la cama es la propiedad más notable y está justo en el centro; como protones y neutrones de un anacrónico modelo atómico. En ella duerme un hombre que aparenta estar en una eterna condición de adolescente, un Man-Child.

Hay un pequeño librero barato y de dudosa calidad; tupido casi a reventar de libros. Hay viejos, nuevos, robados, comprados, regalados, prestados, nunca devueltos, atesorados, leídos, a medio leer, abiertos, marcados, olvidados, re-visitados, algunos cuidados, otros maltratados, con hongos, de filosofía, ciencia ficción, poesía, mecánica cuántica, algunos entendidos, otros para aparentar erudición, para sobar un magullado ego, un Corán (en español no es el Corán, nunca lo será; es y siempre será - ante los ojos de un fundamentalista - una interpretación), sobre 3,000 páginas de Proust, un centenario Quijote, Beats, Allan Moore, Kierkegaard, una incomprensible sinópsis heideggeriana, un flaco y amarillento Unamuno (su primera experiencia con el existencialismo), Gaarder y su Sofía descansan encima de un 2666, Huxley pillado entre un Derrida ignorado y un idolatrado Mito de Sísifo (Camus fue el protagonista de una surreal fantasía sexual en su adolescencia), un Idiota, una compilación bilingüe de poemas de Baudelaire (a medio leer), un Bukowski dos veces devorado y en inglés, cuentos borgianos...

La vejiga del hombre es el reloj despertador que cualquier relojero —ya sea uno suizo o el mismo Einstein— quisiera poder fabricar. Su exactitud y precisión son impecables. El reloj somático ya ha 'sonado' tres veces: una a las seis de la mañana, otra a las 12 del mediodía, y ahora a las tres. Él lleva seis semanas sin salir de su casa, y muchas más sin atender su aseo personal. Un día en su vida, según él lo percibe, es una semana en la de cualquier otro. Cuando ya no quedan muchas ganas de vivir, los días son más largos. Una broma de mal gusto, vía el constante girar de un planeta al que le tiene todo el desprecio posible. Sin embargo, lleva como un mantra un bello aforismo borgiano: "El tiempo es una necesaria perplejidad."

Al lado derecho de la cama se encuentra una mesa de noche con un amplio registro de ansiolíticos, anti-depresivos, inmunodepresores, marihuana y el talonario del último cheque de su trabajo: $96.47 por 14 horas trabajadas. El trabajo fue una fugaz condición de proletariado que se hizo insoportable.

Tragó amargamente la humillación por una minúscula fracción de tiempo, en comparación con las múltiples décadas que su noble padre soportó: "Gané el dinero suficiente para abastecerme de lo que necesito." El dinero ganado con su cuerpo tiene un uso diferente al que su padre le dio 30 años antes. Fue un remedio financiero para atender las exigencias inmediatas de la sobrevivencia, ya que perdió su respetada posición como académico.

Sentado en la cama, y sintiendo una fuerte presión de fluidos en su vejiga, abre un cajón de la mesa de noche y saca una caja que simula una Biblia Gutenberg del s. XV. La Biblia guarda una pipa Peterson de medio siglo de antigüedad (que ya contenía yerba) y un encendedor de plata con un grabado latino que lee: "Lux Æterna". Toma la pipa y la enciende. Da una fuerte inhalación y aguanta el humo en sus pulmones. Lo aguanta todo el tiempo posible, aunque el efecto narcótico de la planta no es el mismo. Ya perdió su llamativo y brillante color verde. Desaparecieron los cristales, producto de técnicas hidropónicas, y la pegajosidad resinosa se evaporó — todas estas deseables señales de calidad. Le llaman Wake and Bake a lo que acaba de hacer. Pero él sabe que nada tiene que ver con despertar. El cínico rito cuasi-sacramental satisface, de forma incompleta, sus pulsiones mágico-religiosas.

Una vez el contenido del humo inunda su sistema, se levanta de la cama y se dirige al baño. El eco de sus desechos fluidos reverbera y acaricia la superficie curva de la taza: "Cuando meo hago música." Termina de mear. Se dirige a la sala de su hogar —un anejo audiovisual a su cuarto/biblioteca— y con una vacua expresión en la cara se deja caer un polvoriento sofá.

El hombre se encuentra rodeado de textos. Este hecho hace notable su soledad: una suerte de auto-indulgencia misantrópica, acompañada por las voces de Kinsky, Jodorowsky, Delon, Mifune, Bardot, von Sydow... En fin, una larga lista de sujetos que son objeto de la cámara, ese ojo perfecto que también es la garganta de poetas como Kurosawa, Herzog, Tarkovsky, Bergman, Kubrick, Godard, Buñuel, Zulueta, Arrabal... Su casa pudiera ser la cueva de un ermitaño, o el Olimpo de dioses que crearon universos con celuloide, luz, absurdo, sangre y la condición humana.

El cine y los libros tienen todo lo necesario para hacer de su hogar una utopía de ensueño. Ha logrado conseguir la fórmula perfecta para hacer posible su misantrópica y museística utopía; que también es, paradójicamente, humanista. Él es súbdito y Rey. El Otro no invade su espacio. No hace falta más nadie en su reino. Ha estudiado hasta la saciedad a los ascetas de muchas culturas para poder manejar sus apetitos e impulsos--

"No hay que ser un monje. No son necesarias las artimañas metafísicas, barbarismos o irreversibles mutilaciones para hacerse dueño del áureo reclamo de poetas y chamanes: poder oír a los dioses. Quiero ser Hermes, no un poeta. Sólo quiero escuchar a los dioses. No quiero compartir con nadie sus secretos. Odio mi lengua. Aborrezco los oídos de los otros. Sólo amo el texto."

Al perder su cátedra en la universidad, ya no le queda excusa alguna para tener contacto con la sociedad. Se deshizo de su móvil, la línea terrestre y el internet. Se abasteció de medicamentos. Lo único que lamenta es no tener una fuente continua de la psicotrópica planta.

Aun así tiene todo lo necesario para evitar el contacto con otros seres humanos. Un deseo que estaba planificado para su retiro, pero el rector adelantó su plan. Su desprecio por las demás personas llevaba un aumento a cuenta gotas por décadas; gracias, en parte, a las pretensiones académicas de sus pares — reflejos de sus propias inseguridades. No quería seguir mirándose en los múltiples espejos barrocos de su Facultad. Éstos deforman su propio ser. Reflejaban su cinismo —del cual llegó a sentir orgullo y con el cual disolvió todos sus lazos con amigos y familiares— como una fea payasada, infantiles pataletas, arrogancia, narcisismo...

Sus colegas ya no eran personas. Eran gemaciones deformes de su propia subjetividad. Doppelgängers eruditos, zombis con Ph.D's. Debía escapar del insoportable absurdo que le resultaba su entorno profesional. Sentía un gran desdén por su condición burguesa. Nada le apasionaba y la palabra afabilidad perdió su significado. Ya no hay vuelta atrás.

La soledad y su paladar literario son sus únicos compañeros. Tiene todo para hacer lo que le resulta verdaderamente placentero: fundirse con las letras y el celuloide, diluirse en el lenguaje, y cuando su único placer se desinfle totalmente, gracias a su crónico aburrimiento por todo, llegará el momento oportuno para dejar de ser. Nadie se dará cuenta.

martes, 12 de julio de 2011

Artsy-Fartsy

Cuando siento un jalón - como una mano que me agarra por el brazo - que me sienta, mientras una voz al oído me dice: "Nene, estate quietecito"; entonces me siento a crear pendejadas. Creo que mi palabra favorita en estos días es omphaloskepsis. A veces veo cosas risibles. Me meo de la risa, solo y en mi casa. Me siento a coleccionar lo que vi en el ombligo. Esta semana conocí a la mascota más geeky que pueda existir - un Fennec Fox (Fennecus zerda). El cabrón animalito es la musa de Antoine de Saint-Exupéry:



Me enredé a los puños con Baudelaire y salí trasquila'o:
«He sentido cómo me rozaba el ala de la imbecilidad.»*
Me obsesioné con estas imágenes**:

Benteng Chittorgarh, India

Crystalline Turquoise Lake, Jiuzhaigou National Park, China

Skaftafeli - Iceland
Re-visité Veckatimest, vía The Rip Tide***.
Llegaron los munchies y me dieron ínfulas de Chef Piñeiro;

String Cheese, Pan Integral, Salsa de Tomate, Cebolla y Pimientos
le recomendé El Topo (Jodorowsky, 1970) a un compañero de trabajo. Me sentí maestro. Pero prefiero crear con la fe de poder explicar el absurdo de la existencia; negando los cómodos y elegantes modelos. Crear así es la panacea...

Dejé a mitad Hiroshima mon amour (Resnais, 1959)

Mi PS3 Está Cabrón
y me puse a ver The Fly (Cronenberg, 1986).
Mi queue de Netflix está más algarete que la biblioteca de mi cueva.
Quiero ir a Cueva Ventana, puñeta...


... pero no para de llover.


Notas:
*Tomado del libro: Las flores del mal (Baudelaire, 1857), edición bilingüe de Alain Verjat y Luis Martínez de Merlo
**The Cool Hunter (blog). 
***Vía @PuertoRicoIndie

miércoles, 6 de julio de 2011

Tuiterías



Soy un jodón por que me siguen
Me leen, me mencionan, me citan y
Me repiten. No doy un tajo pues
Soy un nini; pero digno de un retweet
—la moneda en este simulacro
Que se desplaza continua e
Interminablemente, cual rollo à la
Kerouac, hecho de graznidos, de
Vómitos cognitivos, de ladridos que
Emulan voces humanas, de signos
Deformes que recuerdan vestigios
De lenguaje, diluidos en un
Museístico TL, que se puebla de
Anónimos, de perfectos extraños
Coleccionados canibalísticamente;
A partir de mi filtro, mi paladar
Y mis sesgos...

Los avatars—grotesque surrogates
Of Being
—pueden ser dignos de mi
Colección, según mi apreciación de
Lo cool. Quiero hacer de mi ser un
Hashtag. Quiero hacer de mi
Condición un teatro para el Otro.
No me importa su mirada—ya es
Obsoleto mirar ojos. Si soy un
Trending Topic, alcancé
El cenit de mis aspiraciones.
Mis deseos son caprichos
Hipertextuales—pataletas y
Rabietas de la posmodernidad.
Mi ego se diluye en dígitos binarios.
Mi súper-ego se cristaliza
Con pulgares opositores.