jueves, 28 de abril de 2011

En mi Viejo San Juan [revisited]


You're surrounded
by centuries-old walls.
Embraced by fear
and fundamentalism;
un erosionado legado
de la madre patria...

Docile and white,
tender and fluffy;
thus is your caricature.
Fetichistic,
obsessed with martyrs,
and drowned in alcohol.

An obscene defecation,
that rushed from Santini's
epistemic asshole,
is splattered and smeared
all over your face.

¡Se cagaron en los adoquines!

Nevertheless,
las canas se respetan.
You're old as fuck.
Piss and sea-salt;
always archived
in my mnemonic registry.

Asians everywhere.
Hundreds of cats.
Still, your bums are worthy
of Kerouac's admiration.
They're the shit.

La Perla is blood covered,
caspa e' gorila spinkled...
She's fucking beautiful.
Albizu's bones
are caressed and curated
by a marble lady.
Her weeping is crafted,
beautifully affected,
and reminiscent of novelas.

I see ships,
big ass cruises. A ride,
¿for un pela'o de la Perla?
Never.

Now, hundreds of thousands fly.
Some even dare to say flee...
Either way, fleeing or flying,
I'm still seduced
by the ever flowing queue
of aluminum galleons.

miércoles, 27 de abril de 2011

El cine, la mirada y la cuarta pared

Remedial Reading Comprehension forma parte de un movimiento llamado structural cinema. El director del filme es George Landow (aka Owen Land), notorio por lo poco que se le ha visto en los últimos años. Sus películas abordaron el cine, sus estructuras básicas (luz, sonido, perspectivas) y la subjetividad del espectador: El cortometraje abre con una mujer soñando con un grupo de personas--pudieran ser cinéfilos, o estudiantes de cine--esperando a que empieza una película en una sala da cine. De esta forma Landow juega con la perspectiva. Esto puede tener el efecto de contemplar el cine como lo que es, una re-presentación poética de la realidad, una extraña manipulación de la luz. Después de haber visto pulsiones audiovisuales violentas, la lectura rápida del ensayo Pupils into Students (Teacher in America, Barzun, 1945) y un anuncio de arroz, el espectador puede enlazar el texto que Landow en la película: "This Is A Film About You... Not Its Maker." Landow tiene entre sus muchas influencias al dramaturgo alemán Bertolt Brecht, cuyo peso también es perceptible en cineastas de la talla de Jean-Luc Godard. El dramaturgo acuñó el concepto Verfremdungseffekt, (distanciamiento) que se refiere a una técnica teatral, también asociada al cine. Dicha técnica compromete al observador a tener un ojo crítico. Cuando el actor--o director--se hace consciente de su condición, de su extrañeza, este puede comunicarse con el observador, ignorando los límites entre espectador y obra. La pantalla, en el caso del cine, o la cuarta pared, en el caso del teatro, ya no limitan la experiencia del observador a ver pasivamente.

Deadpool (Fabian Nicieza, Rob Liefeld, 1991)

Una vez termina el cortometraje, quedas con la sensación de que viste algo deferente. La experiencia, en cierta medida, se compara con el humor meta-cognitivo presente en el personaje Deadpool. Hay una jocosidad en el contenido casi imposible de eludir, pero también quedamos con un aftertaste contemplativo, a la François Truffaut en Le Quatre Cents Coups (1959).

Le Quatre Cents Coups (Truffaut, 1959)

Remedial Reading Comprehension invita a la crítica de los datos sensoriales, vía el cine:

[T]he film acts upon us, addressing us, viewing us as we view it, until the film itself becomes a gaze, rather than an object gazed upon1




Referencia:
1. Dixon, Wheeler W. (1995) It looks at you: the returned gaze of cinema, SUNY Press, p1-2, 56-7

miércoles, 20 de abril de 2011

Feliz 4|20


Hoy es el cumpleaños del blog; una suerte de ingenua disección del Ser. Pero ya ha pasado un año. Algo se conoce. Algunas ideologías se habrán abollado, otras -y de esto estoy seguro- se han inflado. Un año desde que decidí dejar de ser maestro, por que prefiero ser estudiante. También decidí dar cuenta de mi maniqueísmo, y me da con tratar de manipular el lenguaje; with an amusing and contorted manner. ¿Mis bellaqueras epistemológicas deberían ser la realidad del otro? Existe el internet, y las barbaridades que aquí se escriben, a veces se leen. La pregunta me parece bastante natural, pues la culpa del autor, o el miedo a escribir es una idea derridiana que, más o menos, entiendo.

Cuando me refiero a que me tocan cuando comentan, hablo en forma sardónica, pero también me refiero a que el comentario del lector puede re-escribir el texto. El lector también puede ser autor. Estoy leyendo, on and off, a Bolaño, empecé a leer sobre el hipertexto, y soy un empleado -part-time- en el almacén de un auto-parts. Por lo tanto, lo que aquí se escribe lo describo como narcisismo lúdico. Me niego a dar fórmulas y resoluciones. Estoy más cómodo señalando. Si alguien quiere hacer un modelo de lo que yo digo, para aplicarlo a algún evento, y no funciona, no es mi culpa. Si funciona, el debido crédito es lo menos que se pide. Soy un cínico.

En este último año han pasado cosas grandísimas. La huelga en la universidad, la crisis de BP, las revoluciones seculares en el Norte de África, los despidos de Fortuño, el fucking Chuchin, Inception, Arcade Fire gana un Grammy, reseñan a Santurce en el New York Times, Wikileaks, el IPad 2, el IPhone 4, Android vs. Apple, los bochinches del tráfala de Berlusconi, la renuncia de Castro a la secretaría del partido comunista, el tsunami en Japón, la guerra civil en  la Costa de Marfil, la Copa Mundial en Sudáfrica, aceleraciones del LHC, fall from grace de Obama, relentless teapartiers, Wanda Rolón, sistema judicial del Estado Libre Asociado, Facebook en el cine, Charlie Sheen en Twitter, curas pederastas, Lady Gaga, osos polares ahogándose, tortura de un soldado americano -a manos de americanos- por chota, graphene...

martes, 19 de abril de 2011

[Drunk Girls | This is Happening]

Unbridled debauchery, hedonistic cynicism in a pure, unadulterated state.
- Efraín David Fines Nevares

Drunk Girls, de LCD Soundsystem, es una canción -o medio hipertextual- que enlaza su entramado polifónico con el cánon alternativo de los últimos 30 a 40 años. La guitarra es prístina; pura bellaquera hecha música. De forma deliciosamente sardónica, te la anuncian en el vídeo; metáfora del salvajismo, la barbarie, la gozaera, en fin, están #pasándolacabrón.

jueves, 14 de abril de 2011

Jung, el Reggaetón y la Alquimia

"You are excrement. You can change yourself into gold."
Alejandro Jodorowsky (Holy Mountain, 1973)

Si tienes entre 25 a 40 años debes haber notado que el reggaetón ha cambiado. El estilo, la ropa, el contenido de la música, los ritmos... Los artistas están más cepillados y más limpios. Tanto es así, que son invitados a participar como cantantes en fiestas y quinceañeros burgueses. Sus coros son cantados por políticos y sirven como un medio para potenciar el populismo - de la misma forma en que se utiliza American Idol, La Comay y The Jersey Shore. El fenómeno del reggaetón ha cruzado charcos, y enormes corporaciones como Univisión, Telemundo y casas disqueras colmillúas han contribuido a entumecer la psiquis colectiva de toda una generación. ¿Cómo ocurrió esto?

Para complementar la payola cabrona que le han dado a las emisoras de radio, los reggaetoneros han pasado por un proceso positivamente dialéctico. De esta forma lograron salir del caserío y meterse en las urbanizaciones de acceso controlado. Pero dólares manchados de semen, sangre y mierda no eran suficientes para ser aceptados por la guaynabichería hegemónica. También han pillado biblias debajo de los sobacos (ej. Héctor 'El Father' y Tito 'El Bambino').* No obstante, algunos no han seguido la hipócrita ruta - santurrona y fundamentalista - antes mencionada. Muchos reggaetoneros han decidido escalar la montaña sagrada. Lograron brincar la verja del gueto utilizando una escalera alquímica, con escalones que representan batallas épicas entre inflados egos (tiraera) y triunfos (blinblineo). A esta ruta o trayecto es al cual me voy a adherir en este ensayo.

Carl Gustav Jung, discípulo de Freud y uno de sus principales transgresores, es conocido como el padre de la psicología analítica. Sus estudios han tenido como resultado un gran volumen de teorías interesantes y crípticas. Entre sus objetos de estudio - eran muchos y variados - el pensador suizo se interesó por las religiones, los mitos, los sueños y el arte. Con estas herramientas a su disposición, un joven Jung logró sacar por el techo a su mentor, Sigmund Freud, al hacerle un psicoanálisis. Solamente Carl Jung se podía guillar diciendo que le hizo un mindfuck cabrón a Freud. Con esto quiero decir que sus métodos eran poco convencionales y revolucionarios. Muchos teóricos no le toman en serio, sin embargo, ha sido de mucha utilidad para el estudio del arte, la filosofía contemporánea y la literatura.

Si todavía estás leyendo, me imagino que tienes en la mente la siguiente pregunta: ¿qué carajos tiene que ver Jung con el reggaetón?

Además de los intereses académicos antes mencionados, Jung también estudió la alquimia: una metodología práctica del Medioevo, que también fue considerada una disciplina filosófica. En el caso particular de este pseudo-estudio wikipédico, la alquimia y la interpretación que Jung le dio nos ayudará a teorizar (a grandes rasgos y a manera de un lúdico esbozo, que tampoco representa un modelo) la psiquis del reggaetonero vendío y eñangota'o del siglo XXI. Utilizaré como estudios de caso a cuatro (4) artistas en tres (3) imágenes. Cada imagen representará un estadio - o etapa - del Magnum opus: el proceso por el cual se alcanza la transmutación de un metal base como Pb a Au** - o la creación de la piedra filosofal. El opus fue utilizado por Jung como metáfora de un trayecto espiritual. Aquí se utilizará para hablar mierda del reggaetón y masturbar mi elitista y pretencioso ego. Ya estoy harto de la jodía mierda de 'música' esa:

Nigredo (putrefactio):

Representa el primer paso. Todos los ingredientes para conseguir la transmutación tienen que cocinarse hasta alcanzar una materia negra y homogénea. Jung lee este paso como una etapa en la cual el sujeto lucha con sombras, baja hasta lo más bajo y animal, los instintos están a flor de piel, y el ego está a la merced del inconsciente. El reggaetonero, en esta etapa de su trayecto alquímico, se encuentra en una seria batalla por su ser: "the darkest time, the time of despair, disillusionment, envious attacks; the time when Eros and Superego are at daggers drawn, and there seems no way forward... nigredo, the blackening" 1

El símbolo que decidí utilizar para representar esta etapa es el Dúo Dinámico: Wisín y Yandel. Siempre están juntos y visten de negro - evocando el origen etimológico de la voz Nigredo. El rumor de la constante riña interna en el dúo puede dar cuenta de los roles del Superego y Eros. También se puede percibir una robusta masculinidad que enmascara evidentes y reprimidas pulsiones homosexuales. La tensión sexual entre el Dúo Dinámico da cuenta de lo que afirma Jung en cuanto a los ataques de envidia y las dagas desvainadas (daggers drawn). En fin, hay masculinidad y violencia latente que ennegrece (blackening).

Sus letras son evidencia del careo constante que tienen con las sombras - muchas veces estas sombras son representadas por la inseguridad, la infidelidad y la constante necesidad de probarse como machos alpha. Estos discursos son inmanentes en gran parte de la obra musical del dúo. *** Wisín y Yandel, como el Eros y Superego, en algún momento se tienen que volcar en lo que Jung llama enantidormia: evento producido por un superávit de cualquier fuerza - en este caso, libido, testosterona y guillaera - que resulta en la inevitable producción del opuesto, alcanzando el equilibrio.

Albedo:

Después de la batalla alquímico-jungiana con las sombras del inconsciente, el balance se encuentra en esta etapa, el albedo - concepto latinizado que significa blancura. Hay una suerte de florecer. Tanto el hombre como la mujer se purifican, sus egos se desinflan y las pre-concepciones tóxicas que reprimen se desvanecen. La blancura se asocia con la sabiduría y el buen espíritu (eudaimonia). Luis Fonsi representará el albedo - la blancura y la pureza. Sus sacarinas y rompe-páncreas canciones simbolizan el opuesto: el anima en animus o viceversa. Wisín y Yandel (Nigredo) despojaron sus violentas y chauvinistas malas costumbres, y encontraron balance a su descontrolado ímpetu sexual, jangueando con un lindín blanquito de Orlando Fla., pana de uno de los ex-miembros de N'SYNC y de Brittney Spears. El dúo (Nigredo) se purifica y se blanquea a través de Luis Fonsi (Albedo).

El reggaetonero se encuentra un paso más cerca de alcanzar la meta de su trayectoria...

Rubedo (relativo a Rubí, rojo)

Wisín y Yandel batallaron con sus pulsiones homosexuales, su envidia, el chauvinismo y el encuernamiento (Nigredo). Encontraron la luz que aniquila sus sombras en Luis Fonsi, reconociendo su femineidad a través de la blancura pitiyankee (Albedo). ¿En qué consiste la meta? ¿Qué es la piedra filosofal? Según Jung, la piedra filosofal es una metáfora de la total unión entre materia y espíritu, el encuentro con el Ser - el momento en que la persona descubre su verdadera naturaleza. Para representar la culminación del Magnum opus, a la luz de mi casi incontenible desprecio por el reggaetón, decidí utilizar como símbolo a la Evolución Musical: El Joey. Una vez despojados de las cafrerías, gracias al romantiqueo pop de Luis Fonsi, Wisín y Yandel pueden encontrarse con su esencia.

Según Jung, el Ser se devela con la unión con Dios. El Joey es el Ser del reggaetonero, el regreso al origen, el verdadero arquetipo. Pero para Jung, ¿cuál era la máxima panacea del Ser? ¿Cuál es el punto más álgido de la existencia humana? De la única forma que el ser humano puede llegar a su encuentro con Dios, es si la materia se funde con el espíritu. A esto se refiere el Rubedo, según la concepción jungiana. Esto es posible con el vehículo al que todos le tememos: La Muerte. Y es que en El Joey - que por una apropiada casualidad para este trabajo se hace llamar La Evolución - el reggaetonero encuentra su muerte. El Joey es tan reggaetonero como Victor Manuelle es un salsero representativo de la buena, de la Gorda. Para llegar al Rubedo/El Joey (la desnaturalización del reggaeton, La Muerte del reggaetonero, unión total entre bellaqueo y romantiqueo, materia y espíritu), primero se tiene que bajar a los infiernos, a la morada de las sombras, al círculo de los excrementos (Nigredo/Wisín y Yandel) y luego hay que limpiarse con el elíxir purificador y luminoso del Albedo (Luis Fonsi). Esperemos que La Evolución sea un signo de la unión de los reggaetoneros con el inconsciente colectivo, que encuentren su Ser, la fusión total de materia y espíritu, la totalidad absoluta. Que mueran.

Publicado en la revista digital .CRUDO

Notas:
* La fijación paterno filial perceptible en los nombres 'El Father' y 'El Bambino' (recientemente se hace llamar El Patrón), es un tema que tiene mucha tela para cortar. Una lectura post-freudiana a estos reggaetoneros pudiera arrojar luz a este interesante fenómeno.
** Si no sabes lo que significan estas letras, deja de leer y vuelve a matricularte en la escuela intermedia.
*** Todas las canciones hablan de la misma mierda.


Referencia:
1.Christopher Perry, in P. Young-Eisendrath/T. Dawson eds., The Cambridge Companion to Jung (Cambridge 1977) p. 152-3

miércoles, 13 de abril de 2011

El misterio del mundo

El autor del artículo colgado a continuación, Jethro Masís (1977, San José, Costa Rica), reside en Würzburg, Alemania. Ha publicado artículos en revistas latinomericanas, europeas, es estudiante doctoral de Julius-Maximilians-Universität Würzburg, y profesor en la Escuela de Filosofía de Costa Rica. Sus áreas de estudio incluyen la fenomenología, metafísica, teoría crítica, teología y un largo etcétera. También mantiene un excelente blog, PhiBLÓgsofo, con una voluminosa cantidad de artículos. Escribe para la Revista Paquidermo una columna llamada Filosofía de Cafetín, en la cual se publica el siguiente escrito:

Quizá hay misterios más interesantes, enigmas existenciales, preguntas últimas, interrogantes insondables, cuestionamientos aporéticos donde todo queda paralizado, donde yace todo aquello que uno se imagina como inalcanzable para el conocimiento humano, como indecible… Es ahí donde, como dicen algunos, faltan las palabras; donde, según el —para algunos— Wittgenstein más enigmático y oracular, sólo queda callar, pues no se puede decir nada al respecto.

Claro, puestas así las cosas queda un poco extraño el asunto, porque —que sepamos— sólo hay conocimiento humano y, si ese es el caso, pues ¿qué podría estar fuera del conocimiento humano? Pero mejor me detengo en este punto antes de que alguien saque el catecismo o su ‘fe’ en el más allá y recurra a inteligencias sobrehumanas, a extraterrestres, a la ‘prueba’ del motor inmóvil que todo lo mueve, a los sentimientos indecibles de su alma o al esoterismo. El punto es el siguiente: para mí el misterio más grande que existe es otro. Y lo voy a exponer en este artículo. Así como lo está leyendo, estimado o estimada lector o lectora. Agárrese a su asiento: Voy a develar el misterio más misterioso del mundo, el mysterium tremendum et fascinans —por soltar un latinajo macarrónico—, que no es la esencia de la divinidad, ni la vida después de la muerte, ni el origen del universo, ni la materia negra, ni los métodos para salvar el alma del infierno, ni la correspondencia de las palabras y las cosas, ni nada de eso. Ninguno de esos cuentos de niños que, por cierto, usualmente se demoran en la cabeza de los adultos para que, precisamente, no piensen lo que realmente es misterioso. Les voy a explicar lo que es misterioso de verdad.

El misterio de este mundo es, sin duda, una complicidad inexplicable. Digo acá inexplicable, no en el sentido de que no se pueda explicar —existen, de hecho, explicaciones excelentes de este fenómeno tan complejo—, sino en el sentido de que es algo inaudito, puesto que se trata del mecanismo extraño mediante el cual las víctimas se identifican con sus victimarios. Pero no estoy hablando del síndrome de Estocolmo, aunque, ahora que lo digo, es algo parecido, sólo que de dimensiones más amplias. Se trata también de una complicidad inaceptable y de una barbaridad.

Se trata, por una parte, de una falta de conciencia o, dicho de otra forma, de una suerte de autoengaño, de una mala interpretación de uno mismo. Lo ha dicho Luis Chaves en ‘Escazú rica’, breve texto que pertenece a 300 Páginas, ese cómico vistazo a la cotidianidad costarricense. La falta de conciencia de clase del costarricense: “La de los ricos que lo primero que dicen es que todos somos iguales. Y la de aquellos que, debajo de los ricos, creen que basta con ir a las mismas tiendas, tener carros sucedáneos y comer en algunos de sus restaurantes, para contagiarse un poco de los ricos”. Hay quienes creen que, si se esfuerzan lo suficiente, llegarán a ser ricos y que la pobreza es, no un problema estructural, es decir, algo provocado y necesario, sino un mal superable y transitorio. La suerte del salado y del vago, una etapa previa que funge como antesala del desarrollo. Por eso, los países pobres y horriblemente atrasados se dejan llamar a sí mismos naciones en vías de desarrollo, porque, supuestamente, el desarrollo es posible para todos y bajo las mismas condiciones de la actualidad y algún día todas las ciudades serán como Nueva York. Si no logran el desarrollo, esas naciones deben ser tenidas por culpables. Son, bajo esta lógica, ‘mediocres’, pero si fueran ‘excelentes’, otro escenario muy distinto podría surgir. Hay que tener esperanza en algo, precisamente, imposible materialmente. Pero no importa, sigamos teniendo esperanza. Qué feo lo contrario.

Con todo, no sólo es algo que se inscribe en el registro del pensar, es decir, no solamente se trata de pensarse mal o de interpretarse mal. Dicho de otra forma, no sólo se trata del saber, sino también de una forma de sentir, y de hacerlo mal. Como ha dicho Helio Gallardo en Fenomenología del Mestizo, “sentir es una forma de saber”. El nivel del sentimiento, por tanto, se inscribe dentro de una nómica particular, la de la disposición afectiva, que no ha de tenerse por mera equivocación teorética, sino que resulta fatal (es el peor de los yerros) y quimérica en cuanto a la propia vida. Quienes se imaginan mal, es decir, quienes ficcionalmente se sienten como lo que no son, quienes así se saben erróneamente, no sólo niegan su origen y terminan por erigir consecuentemente rituales de muerte metafísicamente exteriores, ilusos y deshistorizantes (uno de cuyos ejemplos más expeditos, y perversos, es quizá la macabra celebración en todas las escuelas costarricenses de educación primaria —por dictamen gubernamental, por cierto, acometida por los ministerios de educación de turno— del genocidio de los pueblos originarios de América, pero ahora resemantizado bajo el eufemismo descarado de ‘encuentro de las culturas’), sino que también viven mal: viven imaginando, en efecto, la aspiración a una meta no factible ni realizable; viven negándose y anulándose, esto es, viven sin conocerse, falseándose constantemente a sí mismos. Negarse en este sentido, imaginarse como quien no se es ni como se podría ser, es una práctica nihilista y autodestructiva. Se trata de la sensibilidad falsa que Gallardo ha denominado, en la misma obra citada (una de mis preferidas del autor), “espiritualidad de los perros”.

El fenómeno, que a mí me parece más misterioso pero por inaudito, tiene muchas dimensiones, es decir, es complejo, y se sostiene de una inmensa maquinaria institucional y propagandística, que algunas veces llamamos educación, televisión, sentido común, incluso a veces la Razón. Prodiguemos ejemplos. Que un sinnúmero de personas crean la retórica de los políticos de turno, siempre ricos y de las clases más opulentas, de que lo que más les preocupa es proteger a los débiles y velar por los pobres del país, es ya suficientemente elocuente por sí mismo. Pero lo que resulta mucho más incomprensible es que se los violen día a día en frente de sus narices, que los actos de abierta corrupción de las clases más opulentas no sean nunca objeto punible del supuesto ‘estado de derecho’, sino a lo sumo de escándalos mediáticos y de shows televisivos, que se los lleva el viento cuando un evento realmente trascendente para la historia, como un partido de fútbol, inunda la programación de la semana; que el mismo derecho funcione solamente a favor de los millonarios, y que las cárceles estén llenas de pobres diablos miserables, víctimas, a decir verdad, de condiciones paupérrimas de vida y de una violencia estructural inducida. El resentimiento produce monstruos, la desigualdad produce criminalidad y, como el frío no está en las cobijas, ni aunque hubiera un pelotón de policías en cada esquina entrenados por He-Man y los Amos del Universo podría hacerse frente a esa ‘inseguridad ciudadana’.

Más misterioso aún es que quienes están obligados a acostumbrarse a vivir con lo mínimo, le den pleitesía a un Dios invisible y admiren la bondad de sus explotadores; que conformarse con las migajas caídas de las mesas de aquellos que tienen en abundancia suficiente como para despilfarrar, sea lo normal y merezca un ‘gracias a diosito’, y no el justo motivo para la cólera. Pero —en esto el lector o lectora seguro estará aún más de acuerdo conmigo— es muchísimo más misterioso, es lo recóndito a la décima potencia, el que la gente tenga un sinnúmero de opiniones sobre el más allá y sobre las consecuencias de ese más allá en el más acá, el que, no sólo se afanen en descubrir el plan de la divinidad para sus vidas o el nombre de su ángel de la guarda, sino que se ofendan cuando se trata de ponerlos en razón y de hacerlos descender a esta tierra de mortales, cuando se les confiesa que a uno, en realidad, no le interesan mucho esos pretendidos secretos del alma ni esas otras supuestas vidas allende la meramente humana, porque, eso sí, lo más misteriosísimo de todo es que esa misma curiosidad por las cosas arcanas no alcance como para hacerse preguntas que —diría yo— resultan tanto más básicas y cruciales y que nos involucran a todos desde la coronilla hasta los pies, es decir, en el nivel más básico y material de nuestras vidas: ¿Cómo funciona el sistema monetario? ¿Quién, por la puta, puede tener el derecho a crear dinero? ¿Quién crea el dinero? ¿Quién imprime los billetes? ¿Bajo qué reglas? ¿Y por qué nadie habla de esto?

Todo es muy complejo, dicen algunos, como para que uno ande suponiendo que algunos mueven los hilos de la historia. Suponer que el mundo tiene dueños con nombres y apellidos es, según le espetan a uno típicamente, dejarse llevar por la tentación de las teorías conspirativas, y a esos uno no los convence ni con el Memorandum Casas-Sánchez ni con la revelación de los cables de Wikileaks que aún no han sido desclasificados. Es decir, ni pillándolos con las manos en la masa cuando se descubren, en efecto, planes conspirativos diseñados y puestos en práctica a la perfección, uno logra convencerlos… porque siempre se puede decir: esos son casos aislados y de ‘corrupción’, no se puede generalizar. A ver, ¡pruébelo! Hay políticos de buen corazón.

Eso sí, no todos son religiosos. Algunos son más sofisticados y, entonces, son más pronos a la ciencia ficción o al cientificismo (que son, a decir verdad, bastante similares). A esos los afana embrollarse en esotéricos debates sobre la entropía y la materia negra. ¿Seremos capaces de superarnos a nosotros mismos en el cyborg? Quizá podremos construir un universo alternativo si trabajamos desde ahora en inteligencia artificial, como ha afirmado Marvin Minsky en una entrevista vituperable y fantasiosa. Pensar en construir un universo alternativo está permitido, pero eso sí, la imaginación se acaba cuando se trata de pensar un mundo mejor, un mundo sin contradicciones tan insoportables, un mundo donde un porcentaje ridículamente pequeño de la población total no sostenga su nivel de vida gracias al trabajo esclavo de la mayoría, y esto a costa de una probada destrucción del planeta. Imaginarse lo contrario, es comunismo, satanismo, stalinismo, chavismo, maldad pura y llana, y si no, mera inmadurez adolescente. Pensar en el diseño de inteligencia artificial para la futura construcción de un universo alternativo sin entropía le merece a uno una cátedra en el MIT. Eso sí que es proponer; eso sí que es pensar y decirle sí a la vida; no como esos eternos negadores de todo que no proponen nada. ¿Pensar en la liberación de las mayorías? Eso es colectivismo, ingeniería social totalitaria. Porque claro, el inaudito y escandaloso rescate de los bancos que acabamos de presenciar, eso no es totalitario, eso se llama democracia. Eso no es inmundo: es limpio, porque nos informó CNN. Y además nos llena de orgullo que un negrito nos lo venga a anunciar. Cómo hemos avanzado. Hay que saber hablar y entender las cosas. Usar el lenguaje correctamente, porque democracia es cuando gana un blanco rico algún torneo electoral. Ese está apoyado por el estado de derecho, y aunque ha invertido millones, que vienen de quién sabe quién, en campañas publicitarias televisivas (dinero que debe pagar en especies, es decir, en la forma de favores cuando, efectivamente, alcance la silla presidencial), cuando, en el caso inmundamente contrario, un indio malhablado que no ha estudiado en Chicago y quien, además, gana en un país donde la mayoría de la población es india, a eso sólo se le puede llamar populismo. Qué horrible. Hay que saber comprender las cosas. Asesinar a cientos de miles de iraquíes en una guerra preventiva… eso se llama impulsar la democracia, predicar las buenas nuevas, y erradicar del mundo a los malvados. ¿Genocidio? Eso es cosa de Hitler y de los países tercermundistas, donde no hay derechos humanos. Esos suicidas que se inmolan con bombas, no están cegados por el resentimiento y la humillación, no están vengando la sangre de sus familias masacradas. No: esos son locos y terroristas, y van directo al infierno con Satanás.

En fin, este texto puede hacerse infinito, porque podríamos prodigar los ejemplos, tan cotidianos que los vemos todos los días en los medios de comunicación. Pero en todas sus formas, en todos sus matices y dimensiones, lo más misterioso del mundo, es decir, lo que a mí al menos me parece más incomprensible pero por inaudito, no es más que todo aquello que se encierra en el término de la teoría política IDEOLOGÍA, a saber, el ‘así-es-la-vida’, confórmese, no hay nada más, no sea fantasioso, no sea inmaduro, sea realista, crezca, eso es utopía, porque el hombre (sic) es naturalmente (sic) egoísta. Les tengo una noticia: lo verdaderamente utópico es ‘pensar’ (sic) que este mundo bajo su sistema destructivo puede continuar así para toda la eternidad.

martes, 5 de abril de 2011

El espejo, los excrementos y las quemaduras

El espejo, los excrementos y las quemaduras (Nebreda, 1989-90)

Hace un tiempo me tropecé con las imágenes de David Nebreda, un fotógrafo español poco conocido en España. Su obra fue dada a conocer en 1998. El público francés fue quien primero estuvo expuesto a las poderosas imágenes del artista. Sufre de esquizofrenia y, según la leyenda, lleva décadas encerrado en su apartamento, de donde toda su obra procede. Sin embargo, este importante dato no debería constituir el único marco de referencia con el cual se pueda abordar al artista. Si se hace un enfoque meramente psicoterapeuta, se pierde la oportunidad de ver la obra de Nebreda como un comentario que muy bien pudiera dar cuenta de muchos síntomas de la actualidad globalizada. Se pudiera correr el riesgo de despacharle superficialmente, y aprehender su cotidianidad como un estudio de caso más.

Cuando vi las imágenes no pude evitar pensar en mi cuerpo, en lo que se entiende por monstruosidad, en el espanto, en la naturaleza del arte, en la estética como disciplina, en la difusión mediática contemporánea - no me hubiera sido posible encontrar su obra en un contexto social, escindido del Internet -, en los freaks, en la mierda…

Nebreda, según los expertos en el campo de la fotografía, maneja prodigiosamente su arte. El fotógrafo español es licenciado por la Facultad de Bellas Artes de Madrid. Su trabajo no tiene la naturaleza teleológica perceptible en artistas convencionales: atender las exigencias fetichistas del artworld contemporáneo. No se ve la necesidad de cumplir con el anticanon posmoderno: el exotismo. La gestión de Nebreda surge de un lugar mucho más críptico, mucho menos lúdico. El artista madrileño tiene evidentes incapacidades, sin embargo, su trabajo ha puesto de manifiesto su vida, su diario y "[E]s herramienta de autoconocimiento, a pesar de la incapacidad que existe de captar y comunicar en su totalidad el estado subjetivo de la conciencia. (Gómez, 2008)"

El cuerpo de Nebreda, que también es una manifestación de su patología, es medio, canvas y pincel. Él es su propio objeto de trabajo, razón por la cual el autorretrato y el body art son las formas en que se manifiesta su impecable obra. Dicho esto, Nebreda me hace particularmente consciente de mi cuerpo, y, paradójicamente, de mi humanidad. La fotografía, ya sea en su modalidad estática o cinética, siempre me ha hecho contemplar el devenir histórico del arte, por lo menos a grandes rasgos. Es una culminación del amorío o el romance que ha tenido el hombre con la mimética. Lo que se presenta en la fotografía es un pedazo de realidad, una figura suspendida en el espacio y tiempo. Este hecho es lo que hace impactante la obra de Nebreda. Cuando vemos uno de sus autorretratos, no estamos ante una representación mimética o figurativa. No es el cómodo y protegido mundo de la creación como la vemos en la pintura o en la escultura. Estamos ante la escalofriante exposición de un pedazo de híper-naturalidad, un violento acto de auto-poïesis. Sabemos que Nebreda, y todo lo que su nombre acarrea, es real. El monstruo no requiere de artilugios fantásticos. No hay que buscarlo en recónditas selvas.

La mutilación de su cuerpo, la sangre, el excremento, en fin, su autoflagelación es auténtica. No estamos viendo un performance en una bienal. Nebreda niega y desprecia todo aquello que constituye el objeto de nuestra cotidianidad – limpieza, comfort, bienestar, etc: “Ejerce su libertad quizás en el más pequeño reducto que ha escapado a la vida en sociedad. No es un héroe, pero ‘domina las actividades comunes a todos, pero en formas cuantitativamente hipertróficas’, lo cual le coloca por encima de los demás.” (Gómez, 2008)

La automutilación, el ayuno extremo y el claustro son parte fundamental de su obra. Dan cuenta de su testimonio y de su desnudez, ya sea literal – siempre se encuentra desnudo en sus autorretratos – o metafórica. Su obra, evidentemente, no pretende llevar una narrativa convencional. No hay intención alguna de emitir datos para seducir en la forma tradicional. Tal y como se mencionó anteriormente, Nebreda desprecia y niega todo aquello que forma parte de nuestras aspiraciones. No es un monje enclaustrado, negando los bienes mundanos con el fin de adquirir sabiduría espiritual. Tampoco es un simple artista misántropo, alejado de su devenir social contemporáneo, con el fin de perpetuar la narrativa del poema de Ovidio. Nebreda no es Pigmalión y sus autorretratos no son Galatea. La belleza no es objeto de su gestión, sin embargo, el arte es lo único que le mantiene vivo:

¿Cómo dar a entender –pregunta David Nebreda– las sensaciones provocadas por mi sangre y mis excrementos? Sensaciones primarias de reconocimiento, de plenitud, de alegría, de ternura, de identificación lejana, de amor. Los he recogido y guardado; los he tocado, manoseado, he cubierto mi cara y mi cuerpo con ellos. Los he introducido en mi boca, los he conservado en secreto hasta el día de mi sacrificio. […] Mi sangre y mis excrementos, mis quemaduras, mi agotamiento, mi cuerpo y mi dolor, un dolor necesario y alegre, son los únicos elementos para establecer y reconocer la mitad de mi patrimonio.” (Tomado del ensayo: Correrías del fetichismo: de la rareza al aburrimiento, Fernando Castro Flórez)

En la imagen que acompaña este escrito, se puede ver a Nebreda con los ojos cerrados, empuñando en su mano izquierda un ramo de flores muertas y una bolsa con sus propios excrementos. Un halo de luz, que le rodea por completo, evoca elementos estéticos perceptibles en íconos. En la otra mano, agarra y tira de sus largos cabellos. Su cuerpo, evidentemente desnutrido, también exhibe quemaduras de cigarrillos. A su derecha se encuentra un espejo mostrándonos el otro perfil. Un perfil que el mismo Nebreda lleva tiempo sin ver, ya que de la única forma que el artista se observa es a través de sus autorretratos. Lleva años sin ver su imagen en un espejo. La realidad de su ser, su condición y su existencia, sólo puede ser vista en su propia gestión creativa. En esta imagen se sintetiza, en forma casi literal, el argumento antes mencionado sobre la negación, atribuido a Jean Baudrillard.

La obra del madrileño da cuenta del impacto que el arte, en todas sus manifestaciones, puede tener. En el lente de Nebreda, el arte se valida como un vehículo que aún puede llevar mensajes, aunque nos parezcan grotescos, y en primera instancia, incomprensibles. Entender a Nebreda, a la luz de un ingenuo delirio interpretativo como el mío, es imposible. No obstante, las palabras de Nietzsche reverberan catárticamente, una vez su obra se desvela ante mis ojos:

“Tenemos arte para no morir de realidad”



Referencia:
- Alana Gómez. “Lectura del espejo: una aproximación semiótica a la obra de David Nebreda” Entretextos. Revista Electrónica Semestral de Estudios Semióticos de la Cultura N. 11-12-13 (2008/2099). ISSN 1696-7356. 

Artículo publicado en la revista digital .CRUDO