miércoles, 18 de mayo de 2011

How TV Ruined Your Life - 3. Aspiration - S01E03

                                           
Aspiración. Lo mejor. Queremos los mejores productos, las mejores escuelas, el mejor carro... Lo de aspirar a lo mejor es to keep up with the joneses, tratar de pisar los talones a las Kardashians. Después de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos descansa en los laureles de sus actos genocidas en Japón. Se echaron pa' tras, se pusieron a ver televisión y a parir a to' lo que da. Se pudieron dar el lujo de soñar durante el día, de frente a una caja con imágenes y sonidos; fijados en los triunfos tecnológicos de la posguerra.

Luego de una apropiada introducción, el programa nos lleva a los sesenta. Ahora las aspiraciones están enfocadas a la concepción de sofisticación de la época. Al llegar los setenta, se sugiere el gérmen del self-indulgement ochentoso. La televisión de los setenta y los ochenta nos interpeló a ser pequeños calígulas. Los game shows también reciben un merecido enfoque. Se hace evidente que los participantes de los antiguos programas se llevaban a la casa premios modestos, productos utilizados en el mismo programa. Al terminar el programa, los animadores todavía tenían la decencia de despedirse.

Aunque ya es perceptible el fetichismo al dinero -una condición fundamental para entender la tesis de este genial programa- no es hasta la última década del s. XX que cifras millonarias reemplazan los modestos premios en los mencionados programas de juego. Se reseñan las marcadas diferencias en las actitudes de la gente en estos programas. Como mismo se reemplazaron objetos físicos con cifras, ahora la gente se falta el respeto y se tratan como mierda ante los ojos de millones.

Estos programas dejan ver que la máxima aspiración de millones es ser millonario. El millonario ya no es un villano, se le aplauden sus excesos. En el caso de Gran Bretaña, un viejo multimillonario -que hace ver a Donald Trump como a un panda bebé- en un obsceno programa, le dice a la gente como debe educar a sus hijos y hace llorar a niños mientras les habla como a esclavos decimonónicos. Douchebaguería legitimada por la televisión. No estoy exento a los efectos de la televisión, pues confieso que el viejo hijo de la gran puta me hizo reír par de veces.

En los últimos 20 años han cambiado muchos paradigmas relacionados a este medio que lleva con nosotros más de medio siglo. El documental presenta casos británicos, pero cualquiera que tenga cable tv en Puerto Rico sabe que también participamos de este absurdo morbo. También hay re-lecturas insulares a estos programas. Shows como MTV Cribs hacen su aparición. Todos hemos visto un episodio de MTVC. No hay que ser Walter Benjamin para entender lo fucked up que está este programa. El morbo voyerístico y el fetiche del dinero están al servicio del culto a la aspiración; a querer cagar más arriba del culo. MTVC es un perfecto vehículo para avanzar la tesis del show. Y es que todos queremos comodidad, pero a través de este programa, millones han aspirado irracionalmente. Quieren tener el carro de Bow Wow ganándose $25,000 al año. El keeping up de muchos, en combinación con la geopolítica y las prácticas neoliberales de los últimos 50 años, enmarca el meollo de la crisis económica de la actualidad.

Una interacción dialéctica entre los eventos antes mencionados hizo posible la accesibilidad al sueño de la clase media: la casa. El narrador plantea una pregunta, una vez se alcanza el sueño de la casa: "now what?" Una pregunta que se exacerba en el contexto de la televisión actual. A la luz de ésto, se hace un justo enfoque a los programas de Home Improvement y su efecto en la psiquis de la clase media en muchos países desarrollados. No es suficiente con una casa, tienes que convertirla en un castillo. Según el programa y su "tesis aspiracional", la fuente de la ansiedad e infelicidad contemporánea es la comparación. Una comparación que lleva a una sensación inconformidad colectiva.

La comparación es entre nuestras vidas y 'vidas' que se pretenden tomar como legítimas. Lifestyle. Una concepción que va a tono con nuestra actualidad, tan vinculada a lo que entendemos por individualidad. También eso nos vende la televisión. Aspiramos a estilos de vida que destacan lo que carecemos como lo más importante. Vemos que se sugiere la casa como lo máximo y más menesteroso; otras veces tener hijos, y que estos sean súper niños índigo, es un imperativo categórico. Los niños no están libres del bombardeo de aspiraciones. El episodio también presenta cómo son sujetos de la dinámica mercantil a través de la televisión. Para justificar esto, se presentan imágenes de un niño viendo a Hannah Montana, y la casi obligatoria referencia a otro show en MTV que está más fucked up que MTV Cribs: Super Sweet Sixteen.

La televisión también ha determinado mucho de lo que consideramos canónico al momento de juzgar. Los estándares de millones responden a el enmarcado de aspiraciones según la televisión (es importante resaltar que las redes sociales y el internet aportan muchos discursos. En este escrito me limité a un solo medio). Para muchos la televisión es un modelo ético y estético. Los medios de información tradicionales aún ejercen un evidente poder hegemónico en la actualidad. Además de ésto -y con particular énfasis en la experiencia puertorriqueña de la actualidad- la prensa complementa la narrativa de aspiraciones de la televisión. Por lo tanto, la experiencia del Chuchin y Maripily, queramos o no, se hace normativa en nuestra cotidianidad. No tiene que ser así. No tenemos que seguir aguantando ultraje audiovisual. Podemos apagar el televisor y abrir un jodío libro, darnos cuenta que no somos especiales y ver críticamente nuestro entorno.