lunes, 21 de marzo de 2011

Reseña: {Le Mépris | Jean-Luc Godard | 1963}

BB

El camarógrafo en la película sigue a una chica, hasta llegar a otra cámara, la auténtica - nuestros ojos:

“Cinema shows us a world that fits our desires.” - André Bazin

Le Mépris es un fractal épico, absurdo y sensual. El erotismo en las escenas próximas a la introducción del filme, casi se puede güelel. Deben rediseñar el Smell-O-Vision solamente para saber a que huele Camille. El genio sardónico de Godard abre con imágenes que quisieras morder. Sin embargo, la escena sugiere algo más que erotismo gratuito. El cineasta complació a las casas productoras americanas con un tiempo requerido de nalgas expuestas, pero hizo con la desnudez de Bardot lo que le dio la gana. Tampoco viene mal que las imágenes de las nalgas de Bardot estén complementadas por la excelente música de Georges Delerue. El mejor desnudo en la historia del cine es producto de una dialéctica transacción entre cineasta y productor - uno de los temas fundamentales de la película.

Godard sacó partido de los grandes recursos financieros a su disposición. El capital llegaba a la producción vía un símbolo sexual e internacional. Bardot fue un hook comercial que se usó sin reparos, pero también hizo de Le Mépris, cuyo libreto fue adaptado de una novela de Alberto Moravia, la película más famosa de Jean-Luc Godard. Bardot y su efecto en la cultura internacional, se cristalizó en un controversial ensayo por Simone de Beauvoir. Todavía reverbera en la actualidad el Síndome de Lolita.

La obra más cara del cineasta, es también la más exitosa. Esto ocurrió cuando la televisión comenzó a cambiar el paradigma de Hollywood - para ponerse al día con este periodo histórico, es bien útil la serie Madmen, un excelente documento historiográfico. Fue una película bien popular, pero también es compleja y poliédrica. En otras palabras, cuando ves Le Mépris, no estás viendo una sola película. Hay más de una narrativa. No me puedo poner con la comemierdería académica de hacer una lista de todos los layers. Sin embargo, ambas películas - la re-lectura de Homero por Lang y la que vemos - giran en torno a la figura de Camille. La riqueza y la complejidad de la película no ocultan el hecho de que Camille es el eje de la vorágine semiótica, que también es una reflexión autorreferencial del cine como arte.

La belleza de Bardot, musa de Godard, es objeto del lujurioso deseo de un productor americano llamado Jeremy Prokosch, interpretado por Jack Palance. Fue una grata sorpresa ver al viejo de City Slickers interpretando a Prokosch, arquetipo del productor autoritario, y the coolest douchebag ever. Una de las múltiples ironías de la película: un ícono de Hollywood en una producción de la Nouvelle Vague. Paul Javal (Michel Piccoli), es un libretista que día a día se gana el desprecio de su mujer. ¿Por qué Paul tiene que sufrir este desdeño? Esta pregunta pudiera ser la base las contemplaciones estéticas que Godard hace sobre el arte y el cine. La relación entre Paul y Camille es una metáfora que da cuenta de la relación artista-arte.

Con esta meditada orientación de personajes, el meta-director, Jean-Luc Godard, devela un choque entre arte gringo vs. arte europeo. Con esto se inserta la película en un contexto histórico: Hollywood, nueva ola y los 60. Sin embargo, también el director atiende sensibilidades que apuntan a un serio trabajo sobre la estética y el cine. Probablemente, una de las evidencias más claras de el cine en los sesenta, es una escena en la cual se lee una frase de Lumière al pie de una pantalla de cine:

“Le cinema è un'invenzione senza avvenire.” (El cine es un invento sin futuro).

Fritz Lang es una especie de sage que acompaña, cual Mentor poseído por Atenea, a Paul. Suena surreal y absurdo, pero el director de Metropolis se interpreta a él mismo en una película de Godard. Honestamente, a mi me hace todo el sentido del mundo. A través de la intervención de una políglota ninfa, - Francesca Vanini, interpretada por Giorgia Moll -  vemos el genio del director alemán. El diálogo entre ella y Lang es uno de los tesoros de Le Mépris.

Godard, con el más poético absurdo posible, y utilizando como vehículo discursivo a la leyenda alemana, se la monta bien cabrón al helenismo. El director hace evidente su virtuosismo poético, que consiste en seducir al cinéfilo a fundirse con el celuloide. No pide mucho más de su público. Nos quiere convencer de que existe lo épico, el triunfo, pero a la misma vez quiere subvertir paradigmas estéticos - matar ídolos: los dioses que tanto ama Prokosch y que son objeto de la poesía fílmica de Lang. La recompensa de contestar el pedido de Godard, es encontrar arte que complementa de forma positiva cualquier cosmogonía, sin importar las brechas generacionales. Godard presenta el absurdo de la condición humana forma poética. No es el primero en hacer esto, él lo sabe muy bien, pero también reconoce su icónico estatus: Beckett en el teatro, Godard en el cine.

Le Mépris, entre sus múltiples atributos – y haciendo referencia al exquisito diálogo mencionado anteriormente - cita Hölderlin:

“But Man, he must, can stand fearless and alone before God. His candor is his shield. He needs neither arms nor wiles until such time as God's absence helps him.”

Este poema, que salió de la boca alemán Lang, me jodió la cabeza bien cabrón. Cuando Godard inserta literatura o filosofía en su cine, es de forma quirúrgica, haciendo de estilo y forma uno solo. También sabemos que la irreverencia siempre esta a flor de piel, lista para subvertir. Ejemplo de esto es un jocoso poema de Shakespeare, en la película donde Odile (Anna Karina) también es eje y musa.

En fin, Le Mépris es un filme que se visita y se re-visita, se lee y se re-lee, de la misma forma que a un sueño recurrente. Este sueño se ha perpetuado a través del lenguaje y sus diversas re-presentaciones estéticas. Pese al pesimismo de la centenaria frase de Lumière, Godard nos invita a seguir soñando con nuestras pulsiones y deseos. Si existen películas que puedan ser consideradas como evidencia de que el cine aún vive, esta tiene que ser una de ellas.


Referencia:
Documental: Il était une fois… LE MEPRIS, Antoine de GAUDEMAR.