sábado, 5 de marzo de 2011

Kipple

Cinco siglos durmiendo
para despertar
y ser el único
que ya no duerme,
el último de los despiertos.
Acompañado por el detrito,
por el ensordecedor grito
de una soledad post-apocalíptica.
Rodeado de memoria tangible
que no se puede compartir.
Monumentos accidentales
e intencionados.
Recuerdos, ¿de quienes?
Mi ancla se perdió
en un océano de cinco siglos,
quinientos años de sueño,
quinientos años de durmiendo.
Creí estar muerto.
Soñé con la eternidad,
pero solo fueron cinco siglos.
No hay nadie.
Mi soledad es absoluta.
La esquizofrenia,
la fragmentación de mi ser,
será el único [re]medio,
un [re]curso psíquico
para sobrevivir.
La locura se convertirá
en la metadona,
la emulación del Otro,
el que en algún momento,
me llevó a contemplar
el sueño multicentenario,
como una anhelada
alternativa misantrópica.
Estoy hablando solo
y nadie me puede acusar de loco.
Estoy satisfecho
con el diseño de mi locura,
pero mi locura
tiene un solo juicio,
el mío.

*[Debí haber ajustado la cámara de hibernación a solo cien años...]*