domingo, 6 de febrero de 2011

Plástico (Rubén Blades/Willie Colón, Siembra, 1978)



"Una raza unida, la que Bolívar soñó."

El siguiente ejercicio (que confieso, puede, a su detrimento, ser tautológico) se hace con el propósito de contemplar la actualidad de forma divergente, usando una canción de salsa como texto. Derrida y Baudrillard me van a halar los pies al dormir hoy por la noche.

Comienza con una exquisita porción setentosa, sutilmente percusionada en toda su duración, que te puede llevar bailar disco en tu casa, en el 2011, mientras tu esposa duerme en el cuarto... de momento, escuchas como se vierte la salsa, la percusión, la fucking trompeta, la voz de la bestia de Rubén Blades y la genialidad de una, discursivamente rica, canción. No pueden faltar las cuerdas y las referencias a lo que pudieran ser guaynabichos o reggaetoneros.

El Plástico (al ver el título de la canción, se me hace difícil no pensar en Plastic Beach), el simulacro, pero visto desde una perspectiva latinoamericana de los años setenta, cargada de decimnónicos y bonitos rendimientos a la utopía.

Se quiere a una Nicaragua sin Somosa y las caras se homogenizan en una pan-ideología boliviariana. Un simulacro que denuncia otro simulacro. El risible caso del burro que le dijo orejón a un conejo.*

El fondo y su razón, la escencia sugerida en la canción, es una totalizante idealización de la identidad y lucha Latinoamericana. Poesía para los baby boomers, especialmente cocolos izquierdistas que pudieran ser nuestros padres.

Hoy es común, para nada subversivo, quejarse de nuestros síntomas contemporáneos (ej. globalización, laissez-faire, fetiche de bienes), pero los únicos que tienen cojones para hacer algo más que quejarse están en el Medio Oriente, haciendo días de ira. Plástico es una bella obra de arte sonora, aunque Blades nos reprenda y nos diga que hechemos pa' lante, y que se ven las caras pero nunca el corazón.

Rubén Blades transmuta a una especie de Baudrillard cocolo y ajuma'o describiendo un plástico que simula, censura o desplaza una 'realidad' (escencia). Pero el plástico es vulnerable al calor de un sol, o los brillantes destellos de una ideología ilustrada.

Queda en el oyente consumir su discurso decimonónico para tratar de gestar una utopía. O muy bien pudiera encontrar belleza en la canción, gozársela y saber que las utopías no sirven para frenar la distopía, en la que vivimos.



Notas:
 * lo hacen, saben lo que hacen, pero anyways, lo siguen haciendo (parafraseando a Slavoj Žižek, o a Marx, o a alguien de la Escuela de Frankfurt, ¿será Gramsci, o Carlos Pabón citantdo Slavoj Žižek en The Sublime Object of Ideology?).