viernes, 30 de abril de 2010

La condición humana.

Leer un existencialista postímero, probablemente no el último pero si
de los últimos, para luego leer al existencialista primogénito,
constituye lo que pudiera aparentar una gestión desorganizada. Pero
si se lee de esta forma se pueda dar paso a una posible adhesión al
punto de vista hegemónico del pensamiento actual. Se ve el absurdo, si ves el absurdo vez a
gran parte de la condición humana. También empieza moverse el faro
hacia la embarcación tripulada por Camus, Sartre, Derrida, Foucault etc.

Mi interpretación de la realidad es producto de diversas dualidades
oscilantes. Materialismo y espíritu, cosas e ideas, poiēsis y technē,
amo y esclavo, objeto y sujeto, topos y u topos, yin y yang,
romanticismo y realismo, metafísica y física. Dendrita y neurotransmisor
deben ser dos ideas aparentemente contrarias pero esencialmente
iguales.

Comienza un nuevo ciclo antagónico, una nueva ebullición de ideas,
argumentos, discursos. Siempre existe la esperanza de que se origine
un agente que provea elasticidad a la rigidez que hay en la
anastomosis vieja y quebradiza existente entre medio de dichos
argumentos que en apariencia suelen ser antagónicos, pero en esencia
pueden ocupar estructuras cognitivas enmarcadas por un mismo sistema.
Existimos hoy como seres que solamente Heidegger pudiera enmarcar con
sus ideas, solo el pudiera develar (althēa) el sistema para tratar de
demarcar ideas (pensar). Nuestra actualidad híper tecnológica valida
gran parte de los argumentos de dicho pensador; es imposible ignorar
nuestras ansiedades psicosociológicas. Se hacen evidentes las
virtudes y peligros de la tecnología en la realidad histórica de s.
XXI. No hay idealismo político que niegue este hecho. No hay ser
humano en el mundo globalizado que ignore este hecho, pues no conozco
seres humanos que rechacen el deseo de reconocimiento. Todos
queremos antitetizar, escindir, sintetizar, adherir. Este hecho es
desoxirribonucleico e histórico.

El positivismo y su guardaespaldas (la lógica) están a la
defensiva. Estamos en una historia pensada por los alemanes, gestada
por los franceses. ¿Que nos queda a los que somos herederos de
antagonías? Nos queda la gestión sisífica y absurda que llamamos vida.

Poiēsis y Technē (sculpted).

La sonata No. 14 de Beethoven es música en todo el sentido
kierkegaardiano que pueda ser comprensible por mi (en ocasiones,
sedienta, y harta) razón, pues aun no me he dado a la tarea de
apreciar el Don Giovanni de Mozart. Es a causa de mi percepción
sensorial auditiva en combinación con circunstancias afectivas, que se
derraman estas letras ingenuas y ansiosas. Mis ansiedades deben estar
satisfechas.

¿Cómo es eso posible? ¿Quién/qué las satisface? ¿Conocimiento?
¿Narcisismo? ¿Moral? ¿Amor? El amor satisface provisionalmente mis
ansiedades.

La poesía satisface mi musa. La sistematización y el espectro de
simetría y orden que ha develado el razonamiento lógico matemático
asechan mi musa (cual depredador de alto orden taxonómico necesita de una presa
con desventajas en su arquitectura neurológica, pero con mucha gracia
cinética y benevolencia conmovedora).

El arte satisface lo que la ciencia devora. El ser humano construye
la ciencia gracias a una percepción fenomenológica. La aplicación de
estructuras cognitivas, de carácter lógico matemático generan lo que
conocemos como tecnología. Con esta nueva herramienta - en condición
perpetuamente generadora de herramientas - se construye una de las
bases de un enmarcado colectivo (cultura). Se facilita su presencia
temporal espacial. Dura más tiempo vivo. Más tiempo para poder
seguir preguntando (y es en esta gestión humana, tan humana donde se
encuentra el germen de las colectividades metafísicamente ansiosas).
Más tiempo para que se siga nutriendo su caudal epistemológico. De
forma tal que las ansiedades metafísicas encuentren sosiego en el
klonopín positivo conocido como ciencia. Más tiempo para que esta
ansiedad sea existencial, en vez de colectiva. Más tiempo para someter
el fenómeno natural a caprichos y voluntades de seres que tienen
cognición de su Ser.

Estos seres vociferan a gritos su condición. De forma tal que se
generan conflictos, particularmente si la palabra que más se grita es
no. Si se niega el no, se toca las puertas de la casa de Marte, y me
atrevo a decir que Marte siempre esta a nuestra disposición. Si dicha
deidad clásica atiende nuestro llamado de forma perpetua; ¿Por qué
insistimos en desear que Marte muera y que nunca conteste? ¡Marte es
inmortal! La paz/amor, vista desde esta óptica, es un absurdo que a su
vez constituye la mejor y más alta obra maestra de la Humanidad.

Para mi paz es la máxima expresión del perdón, para que exista el
perdón debe existir un caudal perenne de amor, el amor no es perpetuo
(como toda gestión humana, ya sea objetiva o subjetiva). Por lo tanto
no se va a dar el requisito inmanente para que se de una condición de
perdón lo suficientemente robusta como para considerar la
manifestación de la paz.
Lo que confundimos con perdón es realmente pacifismo fallido, en otras
palabras, el perdón es una gestión ideal/platónica por que el amor
(aunque existe, y a nivel individual motiva a seguir la gestión
sisífica que llamamos vida) es efímero. El carácter efímero de este
concepto (amor) esta dado por las particularidades lingüísticas que
adquiere o desecha a través de su historia.

La paz es inalcanzable por que el amor es efímero. El amor no es Amor,
la paz no es la Paz, si lo fueron o van a serlo, para mi es
incognoscible. Pese a mi concepción (aparentemente misántropa)
encuentro consuelo en que trincheras lingüísticas aun conservan
cierta integridad estructural desprovista casi por completo de valor
estético. Si queremos conservar estas trincheras, las mismas tienen
que resistir los embates de la condición biológica, fundamental
también para la integridad de la condición humana. Esta condición
biológica inevitablemente va a culminar en lo que conocemos como la
Muerte.

Queremos comer, conveniente pues necesitamos comer. Necesitamos
reproducirnos. Somos entes que consumen recursos, entramos en
conflictos. Queremos comer, necesitamos comer; podemos crear, no
necesitamos crear.

Otra columna o estructura arquitectónica que constituye una pieza de
lo que es en fin la base de una cultura, es el arte. Acudimos al arte
para satisfacer hambres y para sosegar ansiedades existenciales. A
través de la historia, el arte ha sido el medio por el cual el hombre
ha manifestado sus ansiedades, impotencias, virtudes y vicios. El
hombre trata de percibir e interpretar su entorno temporal espacial a
través de la develación de fenómenos y causas. En el arte esta
develación es la belleza. Belleza en la estética es motivo de estudio
y fin en si misma, pues dicha trinchera lingüística evoca nuestra
romántica aspiración de que exista un orden, una simetría. El
razonamiento lógico matemático también aspira a encontrar y
posiblemente establecer simetrías, por lo tanto no debería existir una condición
antagónica entre dichas interpretaciones. Sin embargo, paradigmas,
dogmas y estructuras sociales han determinado el carácter binario
que ha existido entre Objeto y Sujeto, arte y ciencia, poiēsis y technē

Arte y Ciencias son alternativas para poder generar una
interpretación individual de la realidad. Ambas alternativas son
poderosísimas, pues a ambas gestiones debemos nuestra condición actual,
oscilante, fragmentada, plagada y bendecida de absurdo e
incertidumbre. Este hecho es el enmarcado temporal (indefinidamente
dinámico) de nuestras gestiones tanto colectivas como individuales.
Es aquí en donde se puede percibir una Necesidad que a la vez es motor.