jueves, 14 de octubre de 2010

La Barriga de Diógenes


Peatón: Diógenes, ¿por qué te masturbas tan vorazmente en medio de la plaza pública?
Diógenes: ¡Ojalá el hambre se quitara con sólo frotarse la barriga!

No me considero un escritor. Si usted posee un ápice de masoquismo, leyó más de uno de mis posts, por lo tanto, pudo percibir mi patológica condición de n00b.

Me considero lector. Las razones que hacen posible mi gusto por la lectura son variadas. Existen de todo tipo; hay razones afectivas, narcisistas, cognitivas, etc.

En fin, creo que el resultado de la fusión de estas razones es mi condición de comemierda. Siempre lo he sido. Me gusta hacerle pensar al otro que no soy un pendejo.

Soy un comemierda. Insisto en hacerle creer a la gente que la mierda sabe a trufas. Otras veces, no existe forma de convencer al otro. La máscara de comemierda se desprende y se queda otra, un tanto más 'autentica': la del seductor. Esta máscara oculta otra, más autentica aún: la del cínico. Todavía no puedo quitarme la última mascara, pero estoy casi seguro que cubre un a cara.

No soy el Don Giovanni del Gran Danés, pero estoy bien consiente del nivel de comemierdería que se puede salir de mi boca, o percibirse en mis discursos.

Cuando trato de suspender mi juicio, puedo percibir lo que llamo saccharine preachiness. Sin embargo, me gusta pensar que, a veces, mi preachiness sabe a truthiness. Soy un comemierda afable y un seductor noble. Soy un idealista que alimenta su ego con ideas de otros.

No soy más que un consumidor de ideas, un lector. Las máscaras necesitan actualizaciones y nuevos adhesivos. Soy el curador de mis propias máscaras. Soy un lector, comemierda y romántico, a causa de una heterogénea colección de razones.

Si soy lector, comemierda e idealista, y no escritor; ¿por qué estoy blogueando estas palabras? Me parece que estoy tratando de diseñar una nueva máscara.

"Aquí escribo por que leo con el fin de emanciparme, para luego tratar de comunicar algún discurso emancipador."

Hace un tiempo, esa fue mi respuesta a la pregunta: ¿Por qué blogueas?

La repuesta fue honesta, pero; ¿por qué respondí de esa forma? Me parece que la respuesta surge de la siguiente condición: las máscaras están puestas sobre una cara hecha de discursos aristotélicos, judeo-cristianos y kantianos. Es inevitable percibir la topografía esencial de la cara a través de las máscaras.

Todavía me gusta la palabra libertad. Crear es lo más que se parece a ser libre. Cuando la mierda que consumo sabe a libertad, mi escondida esencia kantiana
me grita: ¡Eres un maestro! Pero, el sabor a libertad pocas veces se percibe. Cada vez es más difícil apreciar la topografía original. Demasiadas máscaras.

No me sorprende cuando el ejercicio retórico pedagógico me aburre. Este es el momento perfecto para comer mierda. Ahora tengo tiempo para añadir discursos y sesgos a mi saturado, y casi a reventar, ego napoleónico.

Me gusta leer para poder decir cosas interesantes. Me gusta freakear a la gente con mis concepciones. Me gusta hablar mierda en la calle y el la blogósfera.

Sin embargo, cuando la mierda llega a un límite, quiero volver a enseñar. Vuelvo a sentir la topografía kantiana e idealista debajo de las máscaras.

El quita y pon de máscaras es a partir de un consumo, sistemático y selectivo, de mierda. El desarrollo de mis nuevas concepciones se origina de la adhesión a nuevos paradigmas. ¿Será posible dejar de percibir el relieve facial debajo de tantas máscaras?

Me gusta llenarme la boca de mierda, para luego tratar de convencer al otro de su delicioso sabor. ¿Será una especie de sádico optimismo? ¿Seré yo, un pichón de demagogo? ¿Mi naturaleza me elude por ser comemierda? ¿Comemierda es eufemismo de poeta? ¿Por qué aún pienso en términos de 'mi naturaleza'?

Cuando continúo con esta ingenua contemplación existencial, es porque quiero leerme a mi mismo. No escribo aquí porque soy un escritor. Lo que usted lee, esta escrito por que soy un lector quijotesco, pedagógico y comemierda.