sábado, 25 de septiembre de 2010

In Space, No One Can Hear You Scream


Siempre pensé que la vida que vivo es producto de lo que hago, lo que hago es posible por que lo pienso y lo que pienso es posible por que soy. Soy por que no me queda más remedio que pensar, y mi último remedio es pensar por que no quiero dejar de existir. Insisto en no querer dejar de existir por que me es incognoscible otra condición a la de estar vivo. De forma caprichosa e ingenua he contemplado mi condición; el inevitable hecho de ser. Darse cuenta de esto, es coquetear con la posibilidad de sentirte como una mierda. Contemplar el yo en el espejo de la existencia, es saber que no eres nada especial. Soy materia que por accidentes (cosmológicos, cuánticos o biológicos) trata, fútilmente, de encontrar su esencia. Esta continua búsqueda de la 'esencia humana' no suprime el omnipresente hecho; muchas de mis moléculas se replican con el fin de seguir replicándose. Soy el resultado de accidentes desoxirribonucleicos que fueron adquiriendo viabilidad evolutiva y biológica; según pasaron los eones.
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Gran parte de lo que constituye el universo es anti-materia. El resto de la materia se organiza en cuerpos cósmicos (estrellas, sistemas solares, galaxias, pulsares etc.) y, en alguna galaxia común y corriente, existe un planeta en el cual la materia 'quiso' ser la antítesis de su propia esencia. La materia no se conformó con estar inmóvil en el firmamento; los componentes estelares se depositaron y se mezclaron, por millones de años, en sopas primordiales. La probabilidad matemática, el tiempo y las moléculas celestes mancharon la pureza cosmológica con vida. La célula es un tono disonante en la sinfonía cosmológica.

El feo tono es acarreado por los nucleótidos, y aún contienen el ergon del universo: todo se mueve, todo se desplaza. Este desplazamiento se da de forma parsimoniosa y continua a través de millones de años. El resultado es la degeneración de una materia cosmológica a una materia biológica, que ha tenido la blasfema audacia de crear. Este degenerado sistema biológico se atreve a nombrar la grandeza del cosmos mientras se pone en su centro. Este degenerado sistema biológico se inventó el lenguaje y con esta herramienta, insiste en tratar de redimir su pecado. Pero, ya es tarde, con la invención de la palabra 'humano', caímos en la ridícula gestión de tratar de desenredarnos del cosmos. No hay vuelta atrás, el infinitesimal pedazo de mierda existencial, que es la humanidad, tiene que continuar su rebelde acto bélico contra el cosmos. ¿Se dará cuenta alguien, que comparta nuestra rebeldía cosmológica, de nuestros arrepentimientos e impotencias? Me parece que el cosmos, por el momento, ignora nuestras pataletas.

*Imagen tomada de la película 2001: A Space Odyssey (Kubric, 1968)