lunes, 9 de agosto de 2010

Mi ingenua reseña crítica de: Zelig

Zelig (Woody Allen, 1983)
"(...) symptom, conceived as sinthome, is literally the only point that gives consistency to the subject. In other words, symptom is the only way we - the subjects - 'avoid madness', the way we 'choose something (the symptom-formation) instead of nothing (radical psychotic autism, the destruction of the symbolic universe)' through the binding of our enjoyment to a certain signifying, symbolic formation which assures a minimum of consistency to our being-in-the-world". Slavoj Žižek, The Sublime Object of Ideology.

Annie Hall fue mi introducción a Woody Allen a los 21 años se edad. Una vez terminé de ver la película, de inmediato se me hizo claro lo imperativo consumir toda su obra. Hay que mirar más allá de su neurosis y mirar más acá, a la nuestra. Los discursos de Woody Allen resultaron ser un ineludible sistema de interpelaciones según fui viendo sus películas. Motivado por lo antes menciondo y las expresiones artísticas contemporáneas, siento la responsabilidad de ver otra película de Allen: Zelig. El filme - en una de sus múltiples facetas - resalta que el entramado simbólico que constituye el sujeto, no está constituido de una sola trama. Allen invita a apropiarnos de nuestras neurosis con una película que invita a contemplar nuestro entramado; mientras éste se expande y se contrae, formando facsímiles de los otros.

Woody Allen es un judío norteamericano, neurótico y vorazmente intelectual (su coqueteo con el materialismo dialéctico, el psicoanálisis freudiano, la filosofía existencialista y sus aspiraciones literarias y estéticas hacen evidente este hecho). En la película se confiesa como demócrata y no resulta necesario abundar sobre su elitismo, ya que de sobra se conoce y se critica este "pecado". Su romanticismo y narcisismo son dos caras de una misma moneda, y no resulta fácil identificar su anverso.

Todas estas tramas se enredan y se desenredan durante el filme en torno a un significador clave, un "(...) point de caption (punto de agarre) Name of the Father (Žižek, 1989)". Este continuo enredar y desenredar es un síntoma evidente durante toda la película. Es decir, como si el síntoma fuera un sistema de códigos esperando decodificación. El personaje de Mia Farrow se presenta como una figura radical en las posturas psicoanalíticas ya que no es su intención decodificar o curar a Allen/Zelig. La Dra. Fletcher representa la alternativa al establishment académico - representado en la película como hombres caucásicos de más de cincuenta años - que pretende tratar a Zelig de una forma herméticamente positivista. Udora utiliza un sistema en el cual la compasión, la empatía y la hipnosis (psicoanálisis) tienen positivos resultados:


No cabe duda que la neurosis de Zelig/Allen es un fértil campo de discusión en la academia psicoanalítica, ya sea en sentido sardónico o académico. La lectura cultural y sociológica del filme devela la faceta de la identidad cultural del autor: un judío norteamericano de la ciudad de Nueva York. Con ésto no pretendo reducir la riqueza discursiva del filme. Simplemente apunto a este hecho cultural que forma parte de la psiquis judía colectiva que a Allen le resulta imposible eludir. También a Zelig le resulta imposible eludir su camaleónica psicopatología. Es importante señalar que el síntoma de Zelig no se limita a la experiencia judía, ya que el filme comenta sobre algo tan universal como el reconocimiento y  querer encajar. Ésta es la patología de Zelig. También pudiera ser la patología del puertorriqueño asimilado o que se asimila a la cultura estadounidense. Por lo tanto, no resulta difícil percibir una influencia de Zelig - Woody Allen -  en las generaciones post baby-boomers de Puerto Rico (véase la obra de Osvaldo Budet en este enlace). Zelig padece de un síntoma que se manifiesta como una reacción involuntaria y somática. El personaje es un camaleón social con el fin de asimilar la cultura del otro y pasar por desapercibido. Como dijo Sartre, los otros son el infierno, y lo mejor que podemos hacer para defendernos, es imitar para encajar y pasar desapercibidos - protegernos del otro.

Esta "patología" le permite imitar de una forma increíble; muchas veces controversial y de forma potencialmente peligrosa. Resulta inevitable percibir que existió otro Zelig famoso en el folklore yiddish (Mogulesku) que también imitó. Este Zelig era un judío neoyorkino, actor y cantante en obras teatrales, muerto hace aproximadamente 100 años. Allen hace un evidente guiño a la tradición y cultura judía. Este Zelig también fue adorado por las masas de la misma forma que el Zelig fílmico y Allen fueron y son objeto de admiración. Los paralelos entre estos tres Zeligs son evidentes. El Zelig de la película, Woody Allen y el Zelig histórico tienen elementos en común que giran en torno a la sed de reconocimiento y a la catarsis intersubjetiva. El actor, el personaje y el hombre no pueden eludir la necesidad de satisfacer al otro, la necesidad de encajar y pasar desapercibidos, la necesidad de suprimir todo aquello que los hace diferentes (judíos, puertorriqueños, en fin, minorías étnicas).

Otra lectura pudiera ser la relación que existe entre artista y crítica. El artista y el crítico tienen una inestable, difícil, pero necesaria simbiosis. El artista quiere satisfacer su subjetividad y la del otro, haciendo de ésto una fatal gestión digna de ser una tragedia griega.

La interacción entre sujeto, el inconsciente y el otro constituyen gran parte de la integridad estructural y discursiva del filme. Vemos a un sujeto con una hiperbólica patología, pero aun así nos identificamos con el personaje. Zelig, el camaleón humano, también se asimila a la condición del sujeto que ve la película. Se desarrolla un proceso intersubjetivo que culmina con la empatía y el cariño al personaje. Este proceso intersubjetivo está mediado por la Dra. Fletcher, que tiene en su arsenal terapéutico al amor y la hipnosis. Udora, de forma quirúrgica (hipnosis) y humana (amor), logra desnudar a Zelig para que podamos ver su síntoma en todo su esplendor, teniendo en cuenta la importancia que tiene el síntoma, tanto para Zelig como para el objeto de la interpelación - el que ve la película. Este último hecho nos recuerda que la película es un romantic mockumentary. El filme padece de la misma patología camaleónica de Zelig, pues se quiere presentar como un recuento de un sujeto histórico, como un documental biográfico, cuando realmente es un trabajo de ficción.

Allen con su neurosis, logra hacer un personaje neurótico en una neurótica película. El artista nos pone un espejo y el otro decide si quiere o no contemplar su imagen. Si miramos el espejo nos damos cuenta que todos somos Zelig.