viernes, 6 de agosto de 2010

El artista, el arte y la actualidad (II):



"Rumfoord had known that Constant would try to debase the picture by using it in commerce. Constant's father had done a similar thing when he found he could not buy Leonardo's Mona Lisa at any price. The old man had punished the Mona Lisa by having her used in an advertising campaign for suppositories. It was the free enterprise way of handling beauty that threatened to get the upper hand". Kurt Vonnegut, Sirens of Titan.

En los años sesenta se dio una discusión y debate en torno a los fundamentos de una estética que todavía reverbera en nuestra actualidad. El motor del debate fue la actualidad sociopolítica e ideológica de la tempestuosa década.

Los discursos estéticos se dieron a la luz de una necesidad europea:

"(.......) la defensa de las particularidades de la cultura europea, la vindicación de una singularidad cultural irreductible al concepto de 'decadencia burguesa' esgrimido desde el Este". (Sartre, Garaudy et. al., 1986)

La década de los sesenta provee una vasta fuente referencial al momento de contemplar y esbozar fundamentos estéticos acordes con la actualidad.

Aún estos debates conservan utilidad al momento de explorar la conmensurabilidad entre la teoría y la práctica. Lo que Pierre Abraham identifica como: "lo característico del arte que ofrece, íntimamente amalgamados, el documento y la emoción". Queda claro que la obra de arte es una potente arma retórica en las luchas ideológicas.

Estos discursos estéticos se dieron con el fin de mediar una particularidad histórica diferente a la actual. En la década de los sesenta se estaba luchando en contra de una latente 'decadencia' vía la burguesía occidental. El materialismo y la individualidad se presentan como potentes antítesis a la concepción marxista. Es posible que este argumento tenga vigencia en nuestros días.

El 'veneno' en el absurdo de una obra de Beckett o de Kafka no se podía dejar a manos de una burguesía que disponga del medio para adelantar la antítesis marxista. El marxismo pretende hacer del veneno un antídoto.

La estética desarrollada a partir del marxismo interviene en la apropiación del valor estético de los mencionados artistas para disponer de su uso en contra de la retórica burguesa. Las lecturas según la estética marxista cumplen con el fin de “advertir” sobre la terrible y deshumanizante maquinaria capitalista.

Como toda gestión ideológica, la estética marxista como instrumento de lucha anti-burguesa, se enfrentó a lecturas y exégesis mal hechas por parte de estados como la Alemania de la posguerra y la misma Union Sovietica de Repúblicas Socialistas.

El resultado directo de esto fue la represión y la censura. La obra de arte como 'amalgama de documento y emoción' se convierte en el instrumento de la disidencia. Cuando los artistas señalan las patologías de la ideología marxista son tan censurados como Lorca en la España fascista. El exilio y la caída de gracia del socialismo no se hicieron esperar. Las ideologías no pueden contener el ímpetu creativo y estético. El fascismo y el socialismo validaron de forma paradójica la curiosa repetición histórica de represión y censura como generadoras de nuevos paradigmas estéticos.

Los artistas posteriores a la Segunda Guerra Mundial perciben de forma inmediata los sesgos ideológicos (paralelos al derrotado fascismo) que pueden generar una anoxia estética o creativa. De aquí surgen monumentales obras distopicas como las Huxely y Orwell (Brave New World, 1984) que siguen el desasosiego y la frustración de Zamyatin en We.

La segunda mitad del S. XX y sus últimas décadas representan momentos históricos que originan un desplazamiento estético. El desarrollo técnico científico, que permitió la carrera armamentista y también hizo posible nuevas argumentaciones en cuanto a la naturaleza del tiempo y la materia. El artista se ve en la necesidad de disponer de nuevas simbolizaciones (vease la obra de Kurt Vonnegut, Sirens of Titan). Surgen nuevas necesidades de simbolizar una actualidad evidentemente distinta, en la que el profético fetichismo de bienes de Marx es imposible de escindir.

Después de la Gran Guerra hubo una SGM y el planeta se encuentra al borde de la aniquilación total. Existe el arma más poderosa en la historia de la humanidad. Las religiones y el Estado no responden a los desasosiegos. La intención unificadora de Einstein se ve amenazada por la mecánica cuántica.

Por 50 años se fueron sentando las bases de una estética mediada por la tecnicidad científica. Estuvo muy cerca la posibilidad de la destrucción por parte del fascismo en primer orden, y en segundo orden por parte de la antagonía socialismo/capitalismo.

Estos dos eventos, tan próximos en términos temporales, tienen como producto una nueva sensibilidad estética que va a documentar lo absurdo, lo efímero y la perplejidad de la existencia. Por lo tanto, la ciencia ficción (particularmente en el arte literario) se presenta como un medio viable para señalar síntomas de la condición humana.

En obras como Do androids dream of electric sheep?, Phillip K. Dick le pone nombre a estas tres condiciones (absurdo, efímero y existencia): 'kipple'. En otras palabras, detrito, 'ephemerea', soledad, lo que queda después de la devastación que nosotros mismos fabricamos. La Humanidad ya no es humana y se resemantiza lo que constituye el 'pathos' del Ser.

La herencia de Kafka se hace evidente en una actualidad que se actualiza constantemente gracias a la sistematización autónoma de las hegemonías sociopolíticas que son tecnocráticas y neoliberales.

Las rebeliones existencialistas se ofrecen como alternativa estética a una actualidad que mecaniza las relaciones del sujeto con el otro. El arte no debe dejar de señalar las heridas, llagas y las cicatrices de su Zeitgeist. El absurdo de una sociedad se transmuta a un discurso estético que pretende generar una catársis en el que lee un libro, ve una película o admira una pintura.

¿Qué podemos hacer con la catarsis?