sábado, 10 de julio de 2010

Wake Up



Las gargantas de las musas emiten canciones que queremos cantar, es fútil tratar de reproducir el canto de las musas. Muy probablemente el canto de estas deidades es simplemente aburrimiento cosmológico. Algunos piensan que es episteme numinoso. De cualquier forma que se contemplen las dos condiciones (aburrimiento cosmológico/episteme numinoso), no se deja de manifestar un optimismo metafísico. La relación optimismo y pesimismo esta anclada a la condición humana, haciendo de la vida una gestión sisífica.

La música son las palabras del lenguaje de las musas que nosotros los mortales llamamos poesía. Las musas son caprichosas y comemierdas, no le hablaban a todo el mundo. La humanidad las castiga con el enmarcado positivista.

Aun así, están conscientes nuestros malestares. Se sienten celosas del triunfo de la perspectiva antrópica y del Large Hadron Collider. Saben que la razón es muy buen facsímil del sonido y la dinámica de sus voces. Saben que la filosofía forma parte de las herramientas que dispone el ser humano para poder decodificar sus más ancestrales y monstruosas canciones.

¿Podrá la humanidad decodificar la meta narrativa que se encuentra contenida en leguaje de las musas? Si decodificamos los símbolos y nos encontramos con que las risas debieron haber sido lagrimas; ¿que haríamos?

Estamos muy lejos de acercarnos a tan excitante y aterradora posibilidad. Las herramientas heurísticas las tenemos, lo que nos falta es la tecnicidad que solo puede proveer la praxis de nuestro facsímil. Tenemos que revisar y actualizar nuestro post moderno y fractal sistema de símbolos. Hace falta la filosofía.

Tenemos que refrescar nuestras gargantas con las aguas helenas y hegelianas. Hay que configurar las nuevas posibilidades de encontrar conmensurabilidad. Hay que pensar la utopía, vivir el amor y hacer la poesía, en fin, hay que ser arte.

La necesidad ontológica y existencial de ser arte se da por una sociedad patológicamente cínica. El fetichismo se desplazo de metafísico a económico. El valor de la labor de un sujeto se cuantifica de manera nefasta y carente de sensibilidad.

Las musas que cantaron en los oídos de idealistas, místicos, metafísicos, poetas, filósofos vuelven a cantar. Las canciones no recogen una formula tangible para la praxis pues estamos en una actualidad posmoderna, antítesis de la tesis de la modernidad. Tal como el movimiento dialectico sugiere, se debe originar una síntesis a partir del movimiento de los elementos contrarios.

La conmensurabilidad hegeliana se hace posible en la gestión utópica y sisífica. No en las utopías. Gestión utópica es la síntesis a la antítesis posmodernista. Sísifo y su melancolía (eterna condena de los dioses) suben la piedra (gestión utópica). Solo cuando media la rebeldía, Sísifo se atreve a disponer de su eterna melancolía para hacer la gestión utópica de vivir con el fin de Amar.