domingo, 23 de mayo de 2010

Virtuosity



"Well, I stand up next to a mountain and chop it down with the edge of my hand" Jimi Hendrix - Voodoo Child; Electric Ladyland (1968).

Ninguna de las gestiones que llevo a cabo ni las que están por gestar
se aproxima a la antes mencionada categoría. Para mi esta implica una
aproximación a la santidad, un diálogo directo con las musas y el
Olimpo. El ser es un envase que no puede contener la fuerza y el
ímpetu que produce la interacción con dichas deidades. No sorprende
la frecuente y prematura extinción de seres que merecen el título de
virtuosos. Estos mantienen un áureo hilo de dialogicidad con mortales,
fantasmas y dioses.

Pueden ser virtuosos en el ámbito intersubjetivo, tanto espiritual
como estético. Lo que aquí se escribe no esta dirigido a describir un
virtuoso intersubjetivo espiritual (santos, bodhisattvas, lamas,
profetas, etc.). Mi gestión es mucho más accesible y mundana, pues
estoy llamado a describir el virtuosismo estético/musical, no de un
Mozart, sino de Jimi Hendrix.

Soy un latinoamericano caribeño anglo americanizado de clase media baja
experimentando la actualidad temporal espacial del siglo XXI. No puedo
hablar con autoridad sobre el validado y evidente virtuosismo de las
tendencias musicales clásicas del S. XVIII. Tampoco poseo el bagaje
empírico de los años sesenta, pero han sido ineludibles a mis
estructuras cognitivas asociadas a la audición los datos sensoriales
producidos por la Stratocaster de Hendrix.

La actualidad digital híper tecnológica ha hecho posible que forme parte
de este diálogo musical que comenzó cincuenta años atrás. Los
datos sensoriales producidos por la música de este mito
antropomórfico reverberan en el espacio físico hasta llegar al
espacio inmediato o privado. La reverberación eléctrico/musical en
combinación con una lírica hiperbólica y una corta vida hacen de
Hendrix un súper héroe, una figura mítica.

La virtuosidad estética en cualquier expresión artística habla
directamente a los aparatos afectivos y emocionales tanto del mismo
virtuoso como del individuo recipiente de la gestión artística. Es
aquí en donde se da un elemento intersubjetivo ineludible. Este
elemento ocupa solamente una faceta del individuo, no necesariamente
cumple con los requisitos que identifican un virtuoso intersubjetivo
de trascendencia espiritual y social. Aun así, Hendrix y su música
cumplen con el mismo fin que Mozart y Beethoven, elevar el espíritu,
aunque sea de forma temporera. Para elevar el espíritu de forma
perpetua se necesita de un virtuoso intersubjetivo espiritual, cosa
que para mi es una noble y romántica aspiración.